25 de marzo - MIÉRCOLES DE LA V SEMANA DE CUARESMA, ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR, solemnidad




  MIÉRCOLES DE LA SEMANA V DE CUARESMA, solemnidad
  ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR o ENCARNACIÓN DEL SEÑOR, 
  Oficio propio de la Anunciación del Señor del Salterio
(Liturgia de las Horas, Tomo II: Oficio de Lecturas Laudes - Tercia - Sexta Nona - Vísperas - Completas)




PROGRAMA PARROQUIAL:
MIÉRCOLES, 25 DE MARZO

PARROQUIA DEL CARMEN:

Eucaristía de la Solemnidad de la Anunciación del Señor o de la Encarnación del Señor (a las 18.30 h.).

PARROQUIA DE LOS DOLORES:

Eucaristía de la Solemnidad de la Anunciación del Señor o de la Encarnación del Señor (a las 19.30 h.).



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DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

TIEMPO DE CUARESMA 

Introducción al tiempo de Cuaresma

Del Directorio sobre la Piedad popular y la Liturgia (nn. 124-125)

La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las «armas de la penitencia cristiana»: la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6,1-6.16-18). En el ámbito de la piedad popular no se percibe fácilmente el sentido mistérico de la Cuaresma y no se han asimilado algunos de los grandes valores y temas, como la relación entre el «sacramento de los cuarenta días» y los sacramentos de la iniciación cristiana, o el misterio del «éxodo», presente a lo largo de todo el itinerario cuaresmal. Según una constante de la piedad popular, que tiende a centrarse en los misterios de la humanidad de Cristo, en la Cuaresma los fieles concentran su atención en la pasión y muerte del Señor.

El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las cenizas, que distingue la liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.


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ADORACIÓN PERPETUA

DEL STMO. SACRAMENTO EN VIVO

Parroquia Ntra. Sra. de la Merced
Instituto del Verbo Encarnado
Capilla "San Ignacio de Loyola"
(Manresa, España)



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"Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna"
(Mt 19,29)

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MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
PARA LA CUARESMA 2026

"Escuchar y ayunar”.
La Cuaresma como tiempo de conversión

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Escuchar

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.

Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia». [1]

Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos». [2] El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios». [3] En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana». [4]

Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz. 

Juntos

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.

Leo XIV

Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.
______________
[1] Exhort. ap. Dilexi te (4 octubre 2025), 9.
[2] S. Agustín, La utilidad del ayuno, 1, 1.
[3] Benedicto XVI, Catequesis (9 marzo 2011).
[4] S. Pablo VI, Catequesis (8 febrero 1978).
  
Copyright © Dicasterio para la Comunicación - Libreria Editrice Vaticana


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Homilía Martes
 V Semana de Cuaresma
,
(I Vísperas de la Anunciación del Señor, 22.03.2026)


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SANTORAL DE HOY

La Anunciación o Encarnación del Señor, solemnidad

Elogio: solemnidad de la Anunciación del Señor. Cuando en la ciudad de Nazaret el ángel del Señor anunció a María: «Concebirás y darás a luz un hijo, y se llamará Hijo del Altísimo», María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y así, llegada la plenitud de los tiempos, el que desde antes de los siglos era el Unigénito Hijo de Dios, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, por obra del Espíritu Santo se encarnó en María, la Virgen, y se hizo hombre.


   San Dimas, santo del NT 

Conmemoración del santo ladrón, que en la cruz reconoció a Cristo, y de Él mereció oír: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso». († s. I)

   San Dula, mártir

En Nicomedia, san Dula, mártir. († s. inc.)

   San Quirino de la Vía Portuense, mártir   

En Roma, en el cementerio de Ponciano, en la vía Portuense, san Quirino, mártir. († s. inc.)

   Santa Matrona, mártir   

En Tesalónica, de Macedonia, santa Matrona, mártir, que, siendo esclava de cierta judía, mientras daba culto secretamente a Cristo, fue descubierta por su señora y castigada con muchos suplicios. Finalmente, condenada a muerte, confesando su fe en Cristo, entregó a Dios su espíritu incorrupto. († s. inc.)

   San Mona de Milán, obispo   

En Milán, en la región transpadana, san Mona, obispo. († c. 300)

   San Hermelando, abad   

En la isla de Antrum (hoy Aindre), cerca de Nantes, san Hermelando, quien, después de servir en la corte real, se hizo monje del monasterio de Fontenelle y finalmente fue designado primer abad del lugar. († c. 720)

   San Nicodemo, eremita   

En Mammola, cerca de Gerace, en Calabria, san Nicodemo, eremita, que fue maestro de vida monástica, célebre por su austeridad y por sus virtudes. († 990)

   San Procopio, abad   

En Sázava, en Bohemia, san Procopio, que, dejando mujer e hijo, abrazó la vida eremítica, y después fundó en aquel lugar un monasterio que presidió él mismo, donde celebraba las divinas alabanzas en rito griego y en lengua eslava. († 1053)

   Beato Everardo, monje   

En Schaffhausen, en Suabia, beato Everardo, que, siendo conde de Nellenburg, abrazó la vida monástica en el cenobio de Todos los Santos (Allerheiligen), construido con su esfuerzo. († 1078)

   Beato Tomás de Costacciaro, eremita   

Junto a Costacciaro, en la Umbría, beato Tomás, ermitaño, que durante sesenta y cinco años practicó la vida de anacoreta y enseñó a otros a vivirla. († 1337)

   Santa Margarita Clitherow, mártir   

En York, en Inglaterra, santa Margarita Clitherow, mártir, que, con el consentimiento de su marido, abrazó la fe católica, en la que educó también a sus hijos, y se preocupó de ocultar en su casa a sacerdotes que eran perseguidos, por cuyo motivo fue detenida varias veces durante el reinado de Isabel I. Finalmente, y tras rehusar que su causa fuese llevada ante el tribunal, para que los ánimos de los consejeros del juez no cargasen con la responsabilidad de su sentencia de muerte, por su fe en Cristo fue asfixiada bajo un enorme peso hasta morir. († 1586)

   Beato Jacobo Bird, mártir   

En Winchester, también en Inglaterra, beato Jacobo Bird, mártir, que en tiempo de la misma reina Isabel I, a los diecinueve años de edad, convertido desde poco tiempo antes al catolicismo, rechazó participar en una liturgia herética, por lo cual mereció llegar a la celebración del culto celestial. († 1592)

   Santa Lucía Filippini, fundadora   

En el Montefiascone, en la Toscana, santa Lucía Filippini, fundadora del Instituto de Maestras Pías, para promover la enseñanza cristiana de jóvenes y mujeres, especialmente las carentes de recursos. († 1732)

   Beata María Rosa Flesch, virgen y fundadora   

En Niederwenigern, Alemania, beata María Rosa Flesch, virgen y fundadora de la Congregación de Hermanas Franciscanas de la BVM de los Ángeles. († 1906)

   Beato Plácido Riccardi, monje y presbítero   

En Roma, junto a San Pablo, en la vía Ostiense, beato Plácido Riccardi, presbítero de la Orden de San Benito, quien, a pesar de sentirse afectado por fiebres continuas, enfermedades y parálisis, abrazó incansablemente la observancia de la Regla y la oración. († 1915)

   Beata Josafata Hordáshevska, virgen y fundadora   

En la localidad de Chervonohrad, junto a Lwiw, en Ucrania, beata Josafata (Miguelina) Hordáshevska, virgen, que fundó el Instituto de Hermanas Esclavas de María Inmaculada, dedicándose a hacer el bien donde fuese mayor la necesidad. († 1919)

   Santa Marie-Alphonsine Danil Ghattas, virgen y fundadora   

En Jerusalén, Isarel, santa Marie-Alphonsine Danil Ghattas, virgen, cofundadora de las Hermanas del Santo Rosario de Jerusalén de los Latinos. († 1927)

   Beato Emiliano Kovc, presbítero y mártir   

En la ciudad de Majdanek, cerca de Lublín, en Polonia, beato Emiliano Kovc, presbítero y mártir, que en tiempo de guerra fue deportado a un campo de concentración, donde, por el combate de la fe, alcanzó la vida eterna. († 1944)

   Beato Ndre Zadeja, presbítero y mártir 

En Shkodrë, Albania, beato Ndre Zadeja, presbítero de la arquidiócesis de Shkodrë-Pult y mártir. († 1945)

   Beato Hilario Januszewski, presbítero y mártir   

En el campo de concentración de Dachau, cercano a Munich, de Baviera, en Alemania, beato Hilario Januszewski, presbítero de la Orden de los Carmelitas Descalzos y mártir, que en tiempo de guerra, por confesar a Cristo fue deportado desde Polonia a esta cárcel, y habiéndose contagiado del tifus por asistir a los enfermos, falleció dejando un hermoso testimonio de fe y caridad. († 1945)

LITURGIA DE HOY


DIRECTORIO SOBRE
LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

El "Ángelus Domini"

195. El Ángelus Domini es la oración tradicional con que los fieles, tres veces al día, esto es, al alba, a mediodía y a la puesta del sol, conmemoran el anuncio del ángel Gabriel a María. El Ángelus es, pues, un recuerdo del acontecimiento salvífico por el que, según el designio del Padre, el Verbo, por obra del Espíritu Santo, se hizo hombre en las entrañas de la Virgen María.

La recitación del Ángelus está profundamente arraigada en la piedad del pueblo cristiano y es alentada por el ejemplo de los Romanos Pontífices. En algunos ambientes, las nuevas condiciones de nuestros días no favorecen la recitación del Ángelus, pero en otros muchos las dificultades son menores, por lo cual se debe procurar por todos los medios que se mantenga viva y se difunda esta devota costumbre, sugiriendo al menos la recitación de tres avemarías. La oración del Ángelus, por "su sencilla estructura, su carácter bíblico,... su ritmo casi litúrgico, que santifica diversos momentos de la jornada, su apertura al misterio pascual,... a través de los siglos conserva intacto su valor y su frescura".

"Incluso es deseable que, en algunas ocasiones, sobre todo en las comunidades religiosas, en los santuarios dedicados a la Virgen, durante la celebración de algunos encuentros, el Ángelus Domini... sea solemnizado, por ejemplo, mediante el canto del Avemaría, la proclamación del Evangelio de la Anunciación" y el toque de campanas.


Solemnidad de la Anunciación del Señor. Llegada la plenitud de los tiempos, el que desde antes de los siglos era el Unigénito Hijo de Dios, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, por obra del Espíritu Santo se encarnó en María, la Virgen, y se hizo hombre (elog. del Martirologio Romano).

Misa de la solemnidad (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr. (a las palabras «Y por obra…», todos se arrodillan), Pf. prop. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. IV.
- Is 7, 10-14; 8, 10b. Mirad: la virgen está encinta.
- Sal 39. R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
- Heb 10, 4-10. Así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí: para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad.
- Lc 1, 26-38. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo.
El saludo del ángel a María es especial: «¡Jaire!, ¡alégrate!», le dice. Y así comienza nuestro Nuevo Testamento, con esta alegría que va a recorrer todo el camino de Jesús y el camino de la Iglesia. Con ella comienza la buena noticia, el Evangelio. María no dudó, ella no pregunta el «qué» sino el «cómo», porque está abierta a Dios en todo momento. Es lo que respondemos en el salmo con María: «Aquí estoy», sabiendo que el Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros, el que es Dios y hombre verdadero que nos llevará a la alegría eterna de la resurrección.
- JORNADA POR LA VIDA (dependiente de la CEE): Liturgia del día, alusión en la mon. de entrada y en la hom., intención en la orac. univ.
- Hoy puede utilizarse la música instrumental y se puede adornar el altar con flores.
- Hoy no se permiten otras celebraciones, excepto la misa exequial.
Liturgia de las Horas: oficio de la solemnidad. Te Deum. Comp. Dom. II.
Martirologio: elogs. del 26 de marzo, pág. 224.
CALENDARIOS: Barcelona: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. David Abadías Aurín, obispo auxiliar (2023).
Segorbe-Castellón: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Casimiro López Llorente, obispo (2001).

RITOS INICIALES

Monición de entrada

Celebramos hoy la solemnidad de la Anunciación del Señor, momento central de la Historia de la Salvación en que la Virgen María con su «sí» hace posible el designio de Dios. Llegada la plenitud de los tiempos, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, el Hijo de Dios se encarnó por obra del Espíritu Santo en las entrañas de la Virgen Madre.


Antífona de entrada Hb 10, 5. 7

El Señor al entrar en el mundo dice: He aquí que vengo para hacer tu voluntad.


Acto penitencial

- Tú, que te hiciste semejante a nosotros, excepto en el pecado: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

- Tú, que al entrar en el mundo te ofreciste en sacrificio por nosotros: Cristo, ten piedad.

R. Cristo, ten piedad.

- Tú, el fruto bendito del vientre de María: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.
 
Se dice Gloria.

 


Oración colecta

Oh, Dios, has querido que tu Verbo
asumiera la verdad de la carne humana
en el seno de la Virgen María,
concédenos que cuantos confesamos
a nuestro Redentor Dios y hombre
merezcamos ser partícipes también de su naturaleza divina.
Por nuestro Señor Jesucristo.


 LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA 
Mirad: la virgen está encinta

Lectura del libro de Isaías 7, 10-14; 8, 10

EN AQUELLOS DÍAS, el Señor habló a Acaz y le dijo:

«Pide un signo al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo».

    Respondió Acaz:

«No lo pido, no quiero tentar al Señor».

    Entonces dijo Isaías:

«Escucha, casa de David: ¿no os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará un signo. Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, porque con nosotros está Dios». 

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL (Sal 39, 7-8a. 8b-9. 10. 11 [R.: cf. 8a y 9a])

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad


V. Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides holocaustos ni sacrificios expiatorios,
entonces yo digo: «Aquí estoy».

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

V. «-Como está escrito en mi libro-
para hacer tu voluntad.»
Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas.

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

V. He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios, Señor, tú lo sabes.

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

V. No me he guardado en el pecho tu justicia,

he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia y tu lealtad
ante la gran asamblea.

R. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.


SEGUNDA LECTURA
Así está escrito en el comienzo del libro acerca de mi: para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad

Lectura de la carta a los Hebreos 10, 4-10

HERMANOS:

    Es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados.
Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dice:

«Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas,

pero me formaste un cuerpo;

no aceptaste

holocaustos ni víctimas expiatorias.

Entonces yo dije: He aquí que vengo

-pues está escrito en el comienzo del libro acerca de mi-

para hacer, ¡oh, Dios!, tu voluntad».

    Primero dice: «Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, ni holocaustos, ni víctimas expiatorias», que se ofrecen según la ley.

    Después añade: «He aquí que vengo para hacer tu voluntad».

Niega lo primero, para afirmar lo segundo.

    Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Palabra de Dios.

Aleluya Jn 1, 14ab

R. Aleluya, aleluya, aleluya.

V. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros,
y hemos contemplado su gloria. R.


EVANGELIO
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 26-38 

EN AQUEL TIEMPO, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.

    El ángel, entrando en su presencia, dijo:

«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

    Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. El ángel le dijo:

«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».

    Y María dijo al ángel:

«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».

    El ángel le contestó:

«El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque “para Dios nada hay imposible”».

    María contestó:

«He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra».

    Y el ángel se retiró.

Palabra del Señor.




Audio y comentario del Evangelio de hoy (I)

Audio y comentario del Evangelio de hoy (II)

 

Oración de los fieles

Recordando, hermanos, el momento en que el Verbo de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros, presentamos nuestras humildes súplicas por mediación de aquél que entró en el mundo ofreciéndose como víctima de salvación.

- Por la Iglesia, voz de los que no tienen voz: para que, fiel a su misión de iluminar las conciencias de los creyentes y de los hombres de buena voluntad, recuerde constantemente a todos que la vida humana es un don precioso de Dios. Roguemos al Señor.

- Por todos aquellos a los que aún no ha sido anunciado el Evangelio, para que Dios les envíe mensajeros de su Palabra. Roguemos al Señor.

- Por los enfermos, los marginados y los que sufren por cualquier causa, para que reciban con esperanza el anuncio de la redención de sus sufrimientos en el misterio de la encarnación del Hijo de Dios. Roguemos al Señor.

- Por todos y cada uno de los presentes, para que recibamos en nuestro corazón la palabra divina y, a ejemplo de María, la Virgen creyente, estemos siempre dispuestos a hacer su voluntad. Roguemos al Señor.

Escucha la oración de tu Iglesia, Señor,
que contempla el misterio de la encarnación de tu Hijo,
y atiende nuestras peticiones
por intercesión de la bienaventurada Virgen María.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


LITURGIA EUCARÍSTICA

Dios todopoderoso,

PREFACIO
El misterio de la encarnación
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
 
Porque la Virgen escuchó con fe, del mensajero celeste:
que iba a nacer entre los hombres y en favor de los hombres,
por la fuerza del Espíritu Santo que la cubrió con su sombra,
aquel a quien llevó en sus purísimas,
para que se cumpliesen así, verdaderamente, las promesas hechas a los hijos de Israel,
y se manifestara la esperanza de los pueblos que debía realizarse de modo inefable.
 
Por él, los coros de los ángeles
adoran tu gloria eternamente, gozosos en tu presencia.
Permítenos asociarnos a sus voces cantando con ellos tu alabanza:
 
Santo, Santo, Santo...
 
 

Antífona de comunión Is 7, 14

Mirad: la Virgen está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Enmanuel.

 

Oración después de la comunión
Te pedimos, Señor, que confirmes en nuestros corazones
los sacramentos de la verdadera fe,
para que cuantos confesamos al Hijo concebido por la Virgen,
Dios y hombre verdadero,
merezcamos llegar a la alegría eterna
por la fuerza de su resurrección salvadora.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Pensamientos para el Evangelio de hoy

«Y la que ha de ser Madre de Dios confía en que su virginidad ha de permanecer sin detrimento. ¿Por qué había de dudar de este nuevo género de concepción, si se le promete que el Altísimo pondrá en juego su poder? Su fe y su confianza quedan, además, confirmadas al saber que Isabel ha obtenido también una inesperada fecundidad: el que es capaz de hacer concebir a una mujer estéril puede hacer lo mismo con una mujer virgen» (San León Magno).

«El ángel se va, la misión permanece, y junto con Ella madura la cercanía interior de Dios» (Benedicto XVI).

«La Virgen María realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe. En la fe, María acogió el anuncio y la promesa que le traía el ángel Gabriel, creyendo que ‘nada es imposible para Dios’ (Lc 1,37) y dando su asentimiento: ‘He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’ (Lc 1,38) (…)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 148).


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