23 de noviembre - DOMINGO XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO, Solemnidad de NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (CICLO C)

 



  DOMINGO XXXIV DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)
  NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO,  REY DEL UNIVERSO, Solemnidad
  Oficio de la Solemnidad, del Salterio
 (Liturgia de las Horas, Tomo IV: Oficio de Lecturas Laudes Tercia - Sexta -  Nona Vísperas - Completas)
 



PROGRAMA PARROQUIAL:
DOMINGO, 23 DE NOVIEMBRE

PARROQUIA DEL CARMEN:

- Eucaristía del Domingo de la XXXIV Semana del Tiempo Ordinario (a las 11.00 h.).

PARROQUIA DE LOS DOLORES:

- Eucaristía del Domingo de la XXXIV Semana del Tiempo Ordinario (a las 12.30 h.).


Hoy no tendremos la transmisión

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ADORACIÓN PERPETUA

DEL STMO. SACRAMENTO EN VIVO

Parroquia Ntra. Sra. de la Merced
Instituto del Verbo Encarnado
Capilla "San Ignacio de Loyola"
(Manresa, España)



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"Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna" (Mt 19,29)

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Catequesis
para jóvenes y adultos

a partir del lunes 20 de octubre

a partir del lunes 20 de octubre

¡El Señor viene para tí!

¡¡Ven, te está esperando!!






Herminia Navarro


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Lo que Chesterton pensaba del progreso.


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SANTORAL DE HOY

El santo del día en un minuto:


San Columbano de Luxeuil y de Bobbio, abad
(c. 542 - †: 615)

Para ver el video, pincha aquí

Elogio: San Columbano, abad, irlandés de nacimiento, que por Cristo se hizo peregrino para evangelizar a las gentes de las Galias. Fundó, entre otros muchos, el monasterio de Luxeuil, que él mismo rigió con estricta observancia, y obligado después a exiliarse, atravesó los Alpes y construyó el cenobio de Bobbio, en la Liguria, famoso por su disciplina y estudios, en el cual se durmió en paz, lleno de méritos para con la Iglesia. Su cuerpo recibió sepultura en este día.

Patronazgos: patrono de Irlanda y protector contra las enfermedades mentales y las inundaciones.

Refieren a este santo: San Attalo, San Audeno de Rouen, San Brendán, San Comgall, San Deicolo, San Eustasio, San Fintán, San Galo, San Kentigerno de Glasgow, San Valerico o Valerio, San Waldeberto.

Oración

Señor, Dios nuestro, que has unido de modo admirable en el abad san Columbano la tarea de la evangelización y el amor a la vida monástica, concédenos, por su intercesión y su ejemplo, que te busquemos a ti sobre todas las cosas y trabajemos por la propagación de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.


Elogio: San Clemente I, papa y mártir, tercer sucesor del apóstol san Pedro, que rigió la Iglesia romana y escribió una espléndida carta a los corintios, para fortalecer entre ellos los vínculos de la paz y la concordia. Hoy se celebra el sepelio de su cuerpo en Roma.

Patronazgos: patrono de barqueros y marineros, trabajadores del mármol, la piedra y albañiles, protector de los niños y las enfermedades de la infancia, y contra la tormenta y la tempestad.

Refieren a este santo: San Evaristo, San Sotero

Oración

Dios todopoderoso y eterno, que te muestras admirable en la gloria de tus santos, concédenos celebrar con alegría la fiesta de san Clemente, sacerdote y mártir de tu Hijo, que dio testimonio con su muerte de los misterios que celebraba y confirmó con el ejemplo lo que predicó con su palabra. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).

 

Otros santos de este día:

   Santa Felicidad, mártir

En Roma, en el cementerio de Máximo, de la vía Salaria Nueva, santa Felicidad, mártir.

   Santa Mustiola, mártir  

Cerca de Chiusi, de la Toscana, santa Mustiola, mártir.

   San Sisinio de Cícico, obispo y mártir

En Cícico, en el Helesponto, san Sisinio, obispo y mártir, que, según la tradición, después de muchos tormentos murió a espada durante la persecución bajo el emperador Diocleciano.

   San Clemente de Metz, obispo

En Metz, de la Galia Bélgica, conmemoración de san Clemente, que es tenido como primer obispo de esta ciudad.

   Santa Lucrecia de Mérida, mártir  

En Mérida, de Lusitania, santa Lucrecia, mártir.

   San Anfiloquio de Iconio, obispo  

En Iconio, de Licaonia, san Anfiloquio, obispo, que fue compañero en el desierto de los santos Basilio y Gregorio Nacianceno y también colega en el episcopado. Esclarecido por su santidad y doctrina, libró muchas batallas en favor de la fe católica.

   San Severino de París, recluso  

En París, ciudad de la Galia Lugdunense, san Severino, quien, recluido en una celda, se dedicó a la divina contemplación.

   San Gregorio de Agrigento, obispo  

En Agrigento, de Sicilia, san Gregorio, obispo, que explicó los libros sagrados para aclarar al pueblo llano las cosas de difícil comprensión.

   San Trudón, presbítero  

En Sarquinium (hoy Saint-Trond), de Brabante, en Austrasia, san Trudón, presbítero, que dio todos sus bienes a la Iglesia de Metz y allí mismo edificó un monasterio, donde reunió a sus discípulos.

   Beata Margarita de Saboya, viuda y fundadora  

En Alba, del Piamonte, beata Margarita de Saboya, que, al quedar viuda, se entregó a Dios en el monasterio de religiosas de la Orden de Predicadores, que ella misma había fundado.

   Santa Cecilia Yu So-sa, mártir

En Seúl, de Corea, santa Cecilia Yu So-sa, mártir, que, siendo viuda y ya casi octogenaria, fue despojada de sus bienes por quienes odiaban la fe, y encarcelada e interrogada hasta doce veces, la atormentaron de tal modo con azotes, que murió en la cárcel.

   Beato Miguel Agustín Pro, presbítero y mártir  

En la ciudad de Guadalupe, en el territorio de Zacatecas, en México, beato Miguel Agustín Pro, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús y mártir, quien, en la cruel persecución contra la Iglesia, como si fuera un facineroso fue condenado sin juicio a la pena capital, y así alcanzó el martirio que tan ardientemente deseaba.

   Beata María Cecilia Cendoya y Araquistain, virgen y mártir

En Madrid, capital de España, beata María Cecilia (María Felicidad) Cendoya y Araquistain, virgen, de la Orden de la Visitación de Santa María,y mártir, que, en la gran persecución, al ver que sus hermanas habían sido apresadas, se entregó espontáneamente en la misma noche a los milicianos, y al lado de ellas confirmó el testimonio de su fe con el supremo sacrificio de la vida.

   Beato Alexandre de Barcelona, presbítero y mártir

En Montcada, Barcelona, beato Alexandre de Barcelona (Jaume Nájera Gherna), presbítero, capuchino mártir en la persecución religiosa durante la Guerra Civil.

   Beata Enriqueta Alfieri, virgen

En Milán, beata Enriqueta Alfieri, virgen de las Hermanas de la Caridad de Santa Juana Antida Thouret, que sirvió en las cárceles entre 1923 y 1950, y cuya caridad con los perseguidos le valió a ella misma ser encarcelada.


LITURGIA DE HOY

Solemnidad de nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. A él el poder, la gloria y la majestad para siempre, por los siglos de los siglos (elog. del Martirologio Romano).
Misa de la solemnidad (blanco).
MISAL: ants. y oracs. props., Gl., Cr., Pf. prop. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. I (C).
- 2 Sam 5, 1-3. Ellos ungieron a David como rey de Israel.
- Sal 121. R. Vamos alegres a la casa del Señor.
- Col 1, 12-20. Nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor.
- Lc 23, 35-43. Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.
Jesús es rey porque reina en la cruz, un rey que es condenado por los poderes religiosos y políticos, un rey que salva a los demás y no a sí mismo. Jesús escuchó muchas peticiones a lo largo de sus tres años de predicación del reino de Dios, pero esta es la más especial. Hace falta mucha fe para creer que ese ajusticiado al que todos rechazan dentro de poco será rey. Es la intimidad del rey y su súbdito, algo infinitamente más valioso que todos los favores de los jefes y reyes de este mundo. Jesús no nos salva como algunas veces querríamos nosotros, y está claro que su reino no es de este mundo. Jesús nos salva con una mirada de misericordia
- Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.
Liturgia de Las Horas: oficio de la solemnidad. Te Deum. Comp. Dom. II.
Martirologio: elogs. del 24 de noviembre, pág. 685.

RITOS INICIALES

Monición de entrada

Celebramos hoy la solemnidad de Cristo Rey. Con este domingo concluimos el ciclo del año cristiano. Cristo es el centro de la historia; hacia él nos encaminamos. El es también al que recordamos y celebramos siempre. En su nombre nos reunimos. El nos convoca, nos habla y nos sienta a su mesa. Y quiere también hacerse presente en nuestra vida. A él la gloria por los siglos.

En la fiesta de hoy contemplamos el misterio del reino de Dios, que alcanzará su plenitud al fin de los tiempos (cf. 1.ª orac.). La unción de David como rey de Israel (1 lect.) ya anunciaba a Cristo glorioso y resucitado como Rey del universo, ungido por el Espíritu Santo con el óleo de la alegría (cf. Pf.). Para alcanzar esa plenitud del reino de Dios que esperamos, tenemos que vivir con el Señor el misterio de la cruz, donde Él reina coronado de espinas. En la cruz Cristo consumó el misterio de la redención humana y sometió a su poder la creación entera (cf. Pf.). Y, como el buen ladrón (Ev.), tenemos que pedir todos los días: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». La eucaristía es siempre la prenda del reino futuro que esperamos alcanzar, obedeciendo los mandatos de Cristo, Rey del universo (cf. orac. después de la comunión).


Antífona de entrada Ap 5, 12; 1, 6

Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza y el honor. A él la gloria y el poder por los siglos de los siglos.


Acto penitencial

- Tú, que eres la salvación de Dios para todos los hombres: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.

- Tú, que eres el hombre modelo de la humanidad futura: Cristo, ten piedad.

R. Cristo, ten piedad.

- Tú, que atraes hacia ti los corazones de todos: Señor, ten piedad.

R. Señor, ten piedad.


Se dice Gloria.

Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno,
que quisiste recapitular todas las cosas
en tu Hijo muy amado, Rey del Universo,
haz que la creación entera, liberada de la esclavitud,
sirva a tu majestad y te glorifique sin fin.
Él, que vive y reina contigo.


LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA 
Ellos ungieron a David como rey de Israel


Lectura del segundo libro de Samuel 5, 1-3
EN AQUELLOS DÍAS, todas las tribus de Israel se presentaron ante David en Hebrón y le dijeron:
«Hueso tuyo y carne tuya somos. Desde hace tiempo, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú el que dirigía las salidas y entradas de Israel. Por su parte, el Señor te ha dicho: “Tú pastorearás a mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel”».
Los ancianos de Israel vinieron a ver al rey en Hebrón. El rey hizo una alianza con ellos en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos le ungieron como rey de Israel.
«Hueso tuyo y carne tuya somos. Desde hace tiempo, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú el que dirigía las salidas y entradas de Israel. Por su parte, el Señor te ha dicho: “Tú pastorearás a mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel”».
Los ancianos de Israel vinieron a ver al rey en Hebrón. El rey hizo una alianza con ellos en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos le ungieron como rey de Israel.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL (Sal 121, 1bc-2. 4-5 [R.: 1bc])
R. Vamos alegres a la casa del Señor.
V. Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
R. Vamos alegres a la casa del Señor.
V. Allá suben las tribus, las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.
R. Vamos alegres a la casa del Señor.

SEGUNDA LECTURA
Nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 1, 12-20
HERMANOS:
Demos gracias a Dios Padre,
que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz.
Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas,
y nos ha trasladado
al reino del Hijo de su amor,
por cuya sangre hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
Él es imagen del Dios invisible,
primogénito de toda criatura;
porque en él fueron creadas todas las cosas:
celestes y terrestres,
visibles e invisibles.
Tronos y Dominaciones,
Principados y Potestades;
todo fue creado por él y para él.
Él es anterior a todo,
y todo se mantiene en él.
Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia.
Él es el principio, el primogénito de entre los muertos,
y así es el primero en todo.
Porque en él quiso Dios que residiera toda la plenitud.
Y por él y para él
quiso reconciliar todas las cosas,
las del cielo y las de la tierra,
haciendo la paz por la sangre de su cruz.
Palabra de Dios.
 
Aleluya Mc 11, 9-10

R/. Aleluya, aleluya, aleluya.
V/. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
¡Bendito el reino que llega, el de nuestro padre David! R/.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 23, 35-43
EN AQUEL TIEMPO, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo:
«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».
Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:
«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».
Había también por encima de él un letrero:
«Este es el rey de los judíos».
Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:
«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».
Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:
«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este no ha hecho nada malo».
Y decía:
«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».
Jesús le dijo:
«En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».
Palabra del Señor.


Audio y comentario del Evangelio de hoy (I)

Audio y comentario del Evangelio de hoy (II)



Papa Francisco
Homilía. Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, Nagasaki 24 de noviembre de 2019

«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino» (Lc 23, 42).

En este último domingo del año litúrgico unimos nuestras voces a la del malhechor que, cSalvación y certeza que testimoniaron valientemente con su vida san Pablo Miki y sus compañeros, así como los miles de mártires que jalonan vuestro patrimonio espiritual. Queremos caminar sobre sus huellas, queremos andar sobre sus pasos para profesar con valentía que el amor dado, entregado y celebrado por Cristo en la cruz, es capaz de vencer sobre todo tipo de odio, egoísmo, burla o evasión; es capaz de vencer sobre todo pesimismo inoperante o bienestar narcotizante, que termina por paralizar cualquier buena acción y elección. Nos lo recordaba el Concilio Vaticano II: lejos están de la verdad quienes sabiendo que nosotros no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la futura, piensan que por ello podemos descuidar nuestros deberes terrenos, no advirtiendo que, precisamente, por esa misma fe profesada estamos obligados a realizarlos de una manera tal que den cuenta y transparenten la nobleza de la vocación con la que hemos sido llamados (cf. Const. past. Gaudium et spes, 43).

Nuestra fe es en el Dios de los Vivientes. Cristo está vivo y actúa en medio nuestro, conduciéndonos a todos hacia la plenitud de vida. Él está vivo y nos quiere vivos. Cristo es nuestra esperanza (cf. Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 1). Lo imploramos cada día: venga a nosotros tu Reino, Señor. Y al hacerlo queremos también que nuestra vida y nuestras acciones se vuelvan una alabanza. Si nuestra misión como discípulos misioneros es la de ser testigos y heraldos de lo que vendrá, no podemos resignarnos ante el mal y los males, sino que nos impulsa a ser levadura de su Reino dondequiera que estemos: familia, trabajo, sociedad; nos impulsa a ser una pequeña abertura en la que el Espíritu siga soplando esperanza entre los pueblos. El Reino de los cielos es nuestra meta común, una meta que no puede ser sólo para el mañana, sino que la imploramos y la comenzamos a vivir hoy, al lado de la indiferencia que rodea y que silencia tantas veces a nuestros enfermos y discapacitados, a los ancianos y abandonados, a los refugiados y trabajadores extranjeros: todos ellos sacramento vivo de Cristo, nuestro Rey (cf. Mt 25, 31-46); porque «si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse» (S. Juan Pablo II, Carta ap. Novo Millennio Ineunte, 49).

Aquel día, en el Calvario, muchas voces callaban, tantas otras se burlaban, tan sólo la del ladrón fue capaz de alzarse y defender al inocente sufriente; toda una valiente profesión de fe. En cada uno de nosotros está la decisión de callar, burlar o profetizar. Queridos hermanos: Nagasaki lleva en su alma una herida difícil de curar, signo del sufrimiento inexplicable de tantos inocentes; víctimas atropelladas por las guerras de ayer pero que siguen sufriendo hoy en esta tercera guerra mundial a pedazos. Alcemos nuestras voces aquí en una plegaria común por todos aquellos que hoy están sufriendo en su carne este pecado que clama al cielo, y para que cada vez sean más los que, como el buen ladrón, sean capaces de no callar ni burlarse, sino con su voz profetizar un reino de verdad y justicia, de santidad y gracia, de amor y de paz [Cf. Misal Romano, Prefacio de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo].rucificado junto con Jesús, lo reconoció y lo proclamó rey. Allí, en el momento menos triunfal y glorioso, bajo los gritos de burlas y humillación, el bandido fue capaz de alzar la voz y realizar su profesión de fe. Son las últimas palabras que Jesús escucha y, a su vez, son las últimas palabras que Él dirige antes de entregarse al Padre: «Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso» (Lc 23, 43). El pasado tortuoso del ladrón parece, por un instante, cobrar un nuevo sentido: acompañar de cerca el suplicio del Señor; y este instante no hace más que corroborar la vida del Señor: ofrecer siempre y en todas partes la salvación. El calvario, lugar de desconcierto e injusticia, donde la impotencia y la incomprensión se encuentran acompañadas por el murmullo y cuchicheo indiferente y justificador de los burlones de turno ante la muerte del inocente, se transforma, gracias a la actitud del buen ladrón, en una palabra de esperanza para toda la humanidad. Las burlas y los gritos de sálvate a ti mismo frente al inocente sufriente no serán la última palabra; es más, despertarán la voz de aquellos que se dejen tocar el corazón y se decidan por la compasión como auténtica forma para construir la historia.

Hoy aquí queremos renovar nuestra fe y nuestro compromiso; conocemos bien la historia de nuestras fallas, pecados y limitaciones, al igual que el buen ladrón, pero no queremos que eso sea lo que determine o defina nuestro presente y futuro. Sabemos que no son pocas las veces que podemos caer en la atmósfera comodona del grito fácil e indiferente del "sálvate a ti mismo", y perder la memoria de lo que significa cargar con el sufrimiento de tantos inocentes. Estas tierras experimentaron, como pocas, la capacidad destructora a la que puede llegar el ser humano. Por eso, como el buen ladrón, queremos vivir ese instante donde poder levantar nuestras voces y profesar nuestra fe en la defensa y en el servicio del Señor, el Inocente sufriente. Queremos acompañar su suplicio, sostener su soledad y abandono, y escuchar, una vez más, que la salvación es la palabra que el Padre nos quiere ofrecer a todos: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso».

Salvación y certeza que testimoniaron valientemente con su vida san Pablo Miki y sus compañeros, así como los miles de mártires que jalonan vuestro patrimonio espiritual. Queremos caminar sobre sus huellas, queremos andar sobre sus pasos para profesar con valentía que el amor dado, entregado y celebrado por Cristo en la cruz, es capaz de vencer sobre todo tipo de odio, egoísmo, burla o evasión; es capaz de vencer sobre todo pesimismo inoperante o bienestar narcotizante, que termina por paralizar cualquier buena acción y elección. Nos lo recordaba el Concilio Vaticano II: lejos están de la verdad quienes sabiendo que nosotros no tenemos aquí una ciudad permanente, sino que buscamos la futura, piensan que por ello podemos descuidar nuestros deberes terrenos, no advirtiendo que, precisamente, por esa misma fe profesada estamos obligados a realizarlos de una manera tal que den cuenta y transparenten la nobleza de la vocación con la que hemos sido llamados (cf. Const. past. Gaudium et spes, 43).

Nuestra fe es en el Dios de los Vivientes. Cristo está vivo y actúa en medio nuestro, conduciéndonos a todos hacia la plenitud de vida. Él está vivo y nos quiere vivos. Cristo es nuestra esperanza (cf. Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 1). Lo imploramos cada día: venga a nosotros tu Reino, Señor. Y al hacerlo queremos también que nuestra vida y nuestras acciones se vuelvan una alabanza. Si nuestra misión como discípulos misioneros es la de ser testigos y heraldos de lo que vendrá, no podemos resignarnos ante el mal y los males, sino que nos impulsa a ser levadura de su Reino dondequiera que estemos: familia, trabajo, sociedad; nos impulsa a ser una pequeña abertura en la que el Espíritu siga soplando esperanza entre los pueblos. El Reino de los cielos es nuestra meta común, una meta que no puede ser sólo para el mañana, sino que la imploramos y la comenzamos a vivir hoy, al lado de la indiferencia que rodea y que silencia tantas veces a nuestros enfermos y discapacitados, a los ancianos y abandonados, a los refugiados y trabajadores extranjeros: todos ellos sacramento vivo de Cristo, nuestro Rey (cf. Mt 25, 31-46); porque «si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse» (S. Juan Pablo II, Carta ap. Novo Millennio Ineunte, 49).

Aquel día, en el Calvario, muchas voces callaban, tantas otras se burlaban, tan sólo la del ladrón fue capaz de alzarse y defender al inocente sufriente; toda una valiente profesión de fe. En cada uno de nosotros está la decisión de callar, burlar o profetizar. Queridos hermanos: Nagasaki lleva en su alma una herida difícil de curar, signo del sufrimiento inexplicable de tantos inocentes; víctimas atropelladas por las guerras de ayer pero que siguen sufriendo hoy en esta tercera guerra mundial a pedazos. Alcemos nuestras voces aquí en una plegaria común por todos aquellos que hoy están sufriendo en su carne este pecado que clama al cielo, y para que cada vez sean más los que, como el buen ladrón, sean capaces de no callar ni burlarse, sino con su voz profetizar un reino de verdad y justicia, de santidad y gracia, de amor y de paz [Cf. Misal Romano, Prefacio de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo].


Monición al Credo
Puede introducirse con la siguiente monición.
Confesamos la fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, en la unidad de la santa Iglesia.

Oración de los fieles
Dirijamos al Padre las súplicas que hace suyas Jesucristo, Rey del universo.
- Por la Iglesia, para que sea testigo del reino de Cristo en el mundo. Roguemos al Señor.
- Por los que ejercen autoridad en las naciones, para que se hagan servidores del bien de los demás. Roguemos al Señor.
- Por los que se sienten despreciados y oprimidos, para que todos aprendamos a respetar su dignidad y la de toda persona humana. Roguemos al Señor.
- Por los que sufren injusticia, para que sepamos defender sus justos derechos. Roguemos al Señor.
- Por nosotros, para que busquemos sinceramente la verdad, la justicia y la paz, y contribuyamos así a la extensión del reino de Jesucristo en el mundo. Roguemos al Señor.
Escucha benigno, Señor y Dios nuestro,
las oraciones de tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

LITURGIA EUCARÍSTICA

Oración sobre las ofrendas
Al ofrecerte, Señor, el sacrificio de la reconciliación humana,
pedimos humildemente que tu Hijo conceda a todos los pueblos 
los dones de la paz y de la unidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio: Cristo, Rey del Universo

En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre sato, Dios todopoderoso y eterno.

Porque consagraste Sacerdote eterno y Rey del Universo
a tu Hijo unigénito, nuestro Señor Jesucristo,
ungiéndolo con óleo de alegría,
para que, ofreciéndose a sí mismo,
como víctima perfecta y pacificadora en el altar de la cruz,
consumara el misterio de la redención humana
y, sometiendo a su poder la creación entera,
entregara a tu majestad infinita un reino eterno y universal:
el reino de la verdad y la vida,
el reino de la santidad y la gracia,
el reino de la justicia, el amor y la paz.

Por eso, con los ángeles y arcángeles,
tronos y dominaciones,
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

Santo, Santo, Santo...


Antífona de comunión Sal 28, 10-11
El Señor se sienta como rey eterno, el Señor bendice a su pueblo con la paz.

Oración después de la comunión
Después de recibir el alimento de la inmortalidad, te pedimos, Señor,
que quienes nos gloriamos de obedecer
los mandatos de Cristo, Rey del universo,
podamos vivir eternamente con él en el reino del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


Pensamientos para el Evangelio de hoy

«Entre los hombres, a la confesión sigue el castigo; ante Dios, en cambio, a la confesión sigue la salvación» (San Juan Crisóstomo).

«La promesa de Jesús al buen ladrón nos da una gran esperanza. El Señor siempre da más, es tan generoso, da siempre más de lo que se le pide: le pides que se acuerde de ti y te lleva a su Reino» (Francisco).

«(…) La parábola del pobre Lázaro y la palabra de Cristo en la Cruz al buen ladrón (cf. Lc 23,43) (…) hablan de un último destino del alma (cf. Mt 16,26) que puede ser diferente para unos y para otros» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.021).


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