PROGRAMA PARROQUIAL:DOMINGO, 30 DE NOVIEMBRE
PARROQUIA DEL CARMEN:
- Eucaristía del Domingo I de Adviento (a las 11.00 h.).
PARROQUIA DE LOS DOLORES:
- Eucaristía del Domingo I de Adviento (a las 12.30 h.).
PARROQUIA DEL CARMEN:
PARROQUIA DE LOS DOLORES:
COMIENZA EL TIEMPO DEL ADVIENTO:
¡¡TIEMPO DE GRACIA, ESPERANZA Y SALVACIÓN!!
DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA
En el tiempo de Adviento
96. El Adviento es tiempo de espera, de conversión, de esperanza:
- espera-memoria de la primera y humilde venida del Salvador en nuestra carne mortal; espera-súplica de la última y gloriosa venida de Cristo, Señor de la historia y Juez universal;
- conversión, a la cual invita con frecuencia la Liturgia de este tiempo, mediante la voz de los profetas y sobre todo de Juan Bautista: "Convertios, porque está cerca el reino de los cielos" (Mt 3,2);
- esperanza gozosa de que la salvación ya realizada por Cristo (cfr. Rom 8,24-25) y las realidades de la gracia ya presentes en el mundo lleguen a su madurez y plenitud, por lo que la promesa se convertirá en posesión, la fe en visión y "nosotros seremos semejantes a Él porque le veremos tal cual es" (1 Jn 3,2).
97. La piedad popular es sensible al tiempo de Adviento, sobre todo en cuanto memoria de la preparación a la venida del Mesías. Está sólidamente enraizada en el pueblo cristiano la conciencia de la larga espera que precedió a la venida del Salvador. Los fieles saben que Dios mantenía, mediante las profecías, la esperanza de Israel en la venida del Mesías.
A la piedad popular no se le escapa, es más, subraya llena de estupor, el acontecimiento extraordinario por el que el Dios de la gloria se ha hecho niño en el seno de una mujer virgen, pobre y humilde. Los fieles son especialmente sensibles a las dificultades que la Virgen María tuvo que afrontar durante su embarazo y se conmueven al pensar que en la posada no hubo un lugar para José ni para María, que estaba a punto de dar a luz al Niño (cfr. Lc 2,7).
Con referencia al Adviento han surgido diversas expresiones de piedad popular, que alientan la fe del pueblo cristiano y transmiten, de una generación a otra, la conciencia de algunos valores de este tiempo litúrgico.
La Corona de Adviento
98. La colocación de cuatro cirios sobre una corona de ramos verdes, que es costumbre sobre todo en los países germánicos y en América del Norte, se ha convertido en un símbolo del Adviento en los hogares cristianos.
La Corona de Adviento, cuyas cuatro luces se encienden progresivamente, domingo tras domingo hasta la solemnidad de Navidad, es memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo y símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia (cfr. Mal 3,20; Lc 1,78).
Las Procesiones de Adviento
99. En el tiempo de Adviento se celebran, en algunas regiones, diversas procesiones, que son un anuncio por las calles de la ciudad del próximo nacimiento del Salvador (la "clara estrella" en algunos lugares de Italia), o bien representaciones del camino de José y María hacia Belén, y su búsqueda de un lugar acogedor para el nacimiento de Jesús (las "posadas" de la tradición española y latinoamericana).
La Virgen María en el Adviento
101. Durante el tiempo de Adviento, la Liturgia celebra con frecuencia y de modo ejemplar a la Virgen María: recuerda algunas mujeres de la Antigua Alianza, que eran figura y profecía de su misión; exalta la actitud de fe y de humildad con que María de Nazaret se adhirió, total e inmediatamente, al proyecto salvífico de Dios; subraya su presencia en los acontecimientos de gracia que precedieron el nacimiento del Salvador. También la piedad popular dedica, en el tiempo de Adviento, una atención particular a Santa María; lo atestiguan de manera inequívoca diversos ejercicios de piedad, y sobre todo las novenas de la Inmaculada y de la Navidad.
Sin embargo, la valoración del Adviento "como tiempo particularmente apto para el culto de la Madre del Señor" no quiere decir que este tiempo se deba presentar como un "mes de María".
En los calendarios litúrgicos del Oriente cristiano, el periodo de preparación al misterio de la manifestación (Adviento) de la salvación divina (Teofanía) en los misterios de la Navidad-Epifanía del Hijo Unigénito de Dios Padre, tiene un carácter marcadamente mariano. Se centra la atención sobre la preparación a la venida del Señor en el misterio de la Deípara. Para el Oriente, todos los misterios marianos son misterios cristológicos, esto es, referidos al misterio de nuestra salvación en Cristo. Así, en el rito copto durante este periodo se cantan las Laudes de María en los Theotokia; en el Oriente sirio este tiempo es denominado Subbara, esto es, Anunciación, para subrayar de esta manera su fisonomía mariana. En el rito bizantino se nos prepara a la Navidad mediante una serie creciente de fiestas y cantos marianos.
102. La solemnidad de la Inmaculada (8 de Diciembre), profundamente sentida por los fieles, da lugar a muchas manifestaciones de piedad popular, cuya expresión principal es la novena de la Inmaculada. No hay duda de que el contenido de la fiesta de la Concepción purísima y sin mancha de María, en cuanto preparación fontal al nacimiento de Jesús, se armoniza bien con algunos temas principales del Adviento: nos remite a la larga espera mesiánica y recuerda profecías y símbolos del Antiguo Testamento, empleados también en la Liturgia del Adviento.
Donde se celebre la Novena de la Inmaculada se deberían destacar los textos proféticos que partiendo del vaticinio de Génesis 3,15, desembocan en el saludo de Gabriel a la "llena de gracia" (Lc 1,28) y en el anuncio del nacimiento del Salvador (cfr. Lc 1,31-33).
Semana I de Adviento:
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ADORACIÓN PERPETUA
ADORACIÓN PERPETUA
DEL STMO. SACRAMENTO EN VIVO
Parroquia Ntra. Sra. de la MercedInstituto del Verbo EncarnadoCapilla "San Ignacio de Loyola"(Manresa, España)
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"Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna" (Mt 19,29)
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¡El Señor viene para tí!
¡¡Ven, te está esperando!!
¡El Señor viene para tí!
¡¡Ven, te está esperando!!
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"La Iglesia permite llamar corredentora
a la Virgen y rechaza el matrimonio gay"
Homilía Domingo I Adviento,
(30.11.2025)
(30.11.2025)
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SANTORAL DE HOY
El santo del día en un minuto:
Elogio: Fiesta de san Andrés, apóstol, natural de Betsaida, hermano de Pedro y pescador como él. Fue el primero de los discípulos de Juan el Bautista a quien llamó el Señor Jesús junto al Jordán y que le siguió, trayendo consigo a su hermano. La tradición dice que, después de Pentecostés, predicó el Evangelio en la región de Acaya, en Grecia, y que fue crucificado en Patrás. La Iglesia de Constantinopla lo venera como muy insigne patrono.
Patronazgos: patrono de Rusia, Escocia, España, Grecia, Sicilia, Austria, Borgoña, Grecia, y en multitud de ciudades, patrono de pescadores y comerciantes de pescado, mineros, protector del noviazgo, la felicidad conyugal y los niños, protector contra la gota, dolores de garganta, calambres, y erisipela (enfermedad de Andrés).
Refieren a este santo: Santos Pedro y Pablo.
Oración
Protégenos, Señor, con la constante intercesión del apóstol san Andrés, a quien escogiste para ser predicador y pastor de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
San Mirocleto, obispo
En Milán, de la Liguria, san Mirocleto, obispo, del que hace memoria san Ambrosio entre los obispos fieles que le precedieron.
San Tugdual, abad y obispo
En la Bretaña Menor, san Tugdual, llamado «Pabu», abad y obispo, que fundó un monasterio en la ciudad de Tréguier.
San Gálgano Guidotti, eremita
En el monte Sebio, en la Toscana, san Gálgano Guidotti, eremita, quien se convirtió a Dios después de una juventud disipada y vivió el resto de su vida dedicado voluntariamente a la penitencia corporal.
Beato Juan de Vercelli, religioso presbítero
En Montpellier, de la Provenza, en Francia, beato Juan de Vercelli, presbítero, maestro general de la Orden de Predicadores, que predicó incansablemente la reverencia al nombre de Jesús.
Beato Federico, religioso
En Ratisbona, en el territorio de Baviera, en Alemania, beato Federico, religioso de la Orden de Ermitaños de San Agustín, que, siendo hábil carpintero, sobresalió por el fervor en la oración, por la obediencia y por la caridad.
San Cutberto Mayne, presbítero y mártir
En Lanceston, en Inglaterra, san Cutberto Mayne, presbítero y mártir, el cual, abrazada la fe católica y ordenado sacerdote, ejerció su ministerio en Cornualles, hasta que, bajo el reinado de Isabel I, condenado a muerte por haber dado a conocer públicamente una Carta Apostólica, fue conducido al patíbulo, siendo el primer alumno del Colegio de los Ingleses de Douai en sufrir el martirio.
Beato Alejandro Crow, presbítero y mártir
En York, también en Inglaterra, beato Alejandro Crow, presbítero y mártir, que, siendo humilde costurero, fue ordenado presbítero, hecho por el cual, en tiempo de la reina Isabel I, terminó gloriosamente condenado al patíbulo.
San Tadeo Liu Ruiting, presbítero y mártir
En el lugar llamado Quxian, en la provincia de Sichuan, en China, san Tadeo Liu Ruiting, presbítero y mártir, estrangulado por quienes odiaban la fe.
San José Marchand, presbítero y mártir
En Hué, localidad de Annam, san José Marchand, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir, que bajo el imperio de Minh Mang fue condenado al suplicio de los cien azotes.
Beatos Miguel Ruedas Mejías y seis compañeros, religiosos mártires
En el lugar llamado Paracuellos del Jarama, cerca de Madrid, en España, beato Miguel Ruedas Mejías y seis compañeros, mártires, religiosos de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, que, esclarecidos por su testimonio cristiano, durante la cruel persecución volaron hacia el Señor, víctimas de la violencia de los enemigos de la Iglesia. Sus nombres son: beatos Diego de Cádiz (Santiago) García Molina, Nicéforo Salvador del Río, Ramón (Rafael) Tonceda Fernández, religiosos; Arturo Donoso Murillo, Jesús Gesta de Piquer y Antonio Martínez Gil-Leonis, profesos.
Beato José Otín Aguilé, presbítero y mártir
En Valencia, también en España, beato José Otín Aguilé, presbítero de la Sociedad de San Francisco de Sales y mártir, que en la misma persecución, invencible y constante en su fe, arribó al reino de los cielos.
Beato Ludovico Roque Gietyngier, presbítero y mártir
Cerca de Munich, en la región de Baviera, en Alemania, en el campo de concentración de Dachau, beato Ludovico Roque Gientyngier, presbítero y mártir, que, en la ocupación de Polonia durante la guerra, y entre los crímenes cometidos por el régimen enemigo de la fe, padeció el martirio y entregó su espíritu al Señor.
Elogio: Fiesta de san Andrés, apóstol, natural de Betsaida, hermano de Pedro y pescador como él. Fue el primero de los discípulos de Juan el Bautista a quien llamó el Señor Jesús junto al Jordán y que le siguió, trayendo consigo a su hermano. La tradición dice que, después de Pentecostés, predicó el Evangelio en la región de Acaya, en Grecia, y que fue crucificado en Patrás. La Iglesia de Constantinopla lo venera como muy insigne patrono.
Patronazgos: patrono de Rusia, Escocia, España, Grecia, Sicilia, Austria, Borgoña, Grecia, y en multitud de ciudades, patrono de pescadores y comerciantes de pescado, mineros, protector del noviazgo, la felicidad conyugal y los niños, protector contra la gota, dolores de garganta, calambres, y erisipela (enfermedad de Andrés).
Refieren a este santo: Santos Pedro y Pablo.
Oración
Protégenos, Señor, con la constante intercesión del apóstol san Andrés, a quien escogiste para ser predicador y pastor de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.
San Mirocleto, obispo
En Milán, de la Liguria, san Mirocleto, obispo, del que hace memoria san Ambrosio entre los obispos fieles que le precedieron.
San Tugdual, abad y obispo
En la Bretaña Menor, san Tugdual, llamado «Pabu», abad y obispo, que fundó un monasterio en la ciudad de Tréguier.
San Gálgano Guidotti, eremita
En el monte Sebio, en la Toscana, san Gálgano Guidotti, eremita, quien se convirtió a Dios después de una juventud disipada y vivió el resto de su vida dedicado voluntariamente a la penitencia corporal.
Beato Juan de Vercelli, religioso presbítero
En Montpellier, de la Provenza, en Francia, beato Juan de Vercelli, presbítero, maestro general de la Orden de Predicadores, que predicó incansablemente la reverencia al nombre de Jesús.
Beato Federico, religioso
En Ratisbona, en el territorio de Baviera, en Alemania, beato Federico, religioso de la Orden de Ermitaños de San Agustín, que, siendo hábil carpintero, sobresalió por el fervor en la oración, por la obediencia y por la caridad.
San Cutberto Mayne, presbítero y mártir
En Lanceston, en Inglaterra, san Cutberto Mayne, presbítero y mártir, el cual, abrazada la fe católica y ordenado sacerdote, ejerció su ministerio en Cornualles, hasta que, bajo el reinado de Isabel I, condenado a muerte por haber dado a conocer públicamente una Carta Apostólica, fue conducido al patíbulo, siendo el primer alumno del Colegio de los Ingleses de Douai en sufrir el martirio.
Beato Alejandro Crow, presbítero y mártir
En York, también en Inglaterra, beato Alejandro Crow, presbítero y mártir, que, siendo humilde costurero, fue ordenado presbítero, hecho por el cual, en tiempo de la reina Isabel I, terminó gloriosamente condenado al patíbulo.
San Tadeo Liu Ruiting, presbítero y mártir
En el lugar llamado Quxian, en la provincia de Sichuan, en China, san Tadeo Liu Ruiting, presbítero y mártir, estrangulado por quienes odiaban la fe.
San José Marchand, presbítero y mártir
En Hué, localidad de Annam, san José Marchand, presbítero de la Sociedad de Misiones Extranjeras de París y mártir, que bajo el imperio de Minh Mang fue condenado al suplicio de los cien azotes.
Beatos Miguel Ruedas Mejías y seis compañeros, religiosos mártires
En el lugar llamado Paracuellos del Jarama, cerca de Madrid, en España, beato Miguel Ruedas Mejías y seis compañeros, mártires, religiosos de la Orden Hospitalaria San Juan de Dios, que, esclarecidos por su testimonio cristiano, durante la cruel persecución volaron hacia el Señor, víctimas de la violencia de los enemigos de la Iglesia. Sus nombres son: beatos Diego de Cádiz (Santiago) García Molina, Nicéforo Salvador del Río, Ramón (Rafael) Tonceda Fernández, religiosos; Arturo Donoso Murillo, Jesús Gesta de Piquer y Antonio Martínez Gil-Leonis, profesos.
Beato José Otín Aguilé, presbítero y mártir
En Valencia, también en España, beato José Otín Aguilé, presbítero de la Sociedad de San Francisco de Sales y mártir, que en la misma persecución, invencible y constante en su fe, arribó al reino de los cielos.
Beato Ludovico Roque Gietyngier, presbítero y mártir
Cerca de Munich, en la región de Baviera, en Alemania, en el campo de concentración de Dachau, beato Ludovico Roque Gientyngier, presbítero y mártir, que, en la ocupación de Polonia durante la guerra, y entre los crímenes cometidos por el régimen enemigo de la fe, padeció el martirio y entregó su espíritu al Señor.
LITURGIA DE HOY
Primer domingo del Adviento de nuestro Señor Jesucristo; en este tiempo se recuerda la primera venida del Hijo de Dios a los hombres y se espera, a la vez, su segunda venida al final de los tiempos (elog. del Martirologio Romano).
Misa del Domingo (morado).MISAL: ants. y oracs. props., sin Gl., Cr., Pf. I o III Adv.LECC.: vol. I (A).- Is 2, 1-5. El Señor congrega a todas las naciones en la paz eterna del Reino de Dios.- Sal 121. R. Vamos alegres a la casa del Señor.- Rom 13, 11-14a. La salvación está más cerca de nosotros.- Mt 24, 37-44. Estad en vela para estar preparados.- Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.Liturgia de las Horas: oficio dominical. Te Deum. Comp.Dom. II.Martirologio: elogs. del 1 de diciembre, pág. 699.
RITOS INICIALES
RITOS INICIALES
Monición de entradaComienza hoy un nuevo año litúrgico en el que iremos celebrando de diversas maneras el misterio de la salvación que nos viene de Cristo. Empieza con el ciclo de Adviento, Navidad y Epifanía en el que haremos el memorial del nacimiento y manifestación del Hijo de Dios hecho Hombre por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María.Iniciamos hoy estas cuatro semanas del tiempo de Adviento, un tiempo de alegre esperanza ante la venida de Cristo Salvador en la humildad de nuestra carne y su retorno glorioso al fin de los tiempos.Leemos en las Normas sobre el Año Litúrgico, 39: El tiempo de Adviento tiene una doble índole: es el tiempo de preparación para las solemnidades de la Navidad, en las que se conmemora la primera venida del Hijo de Dios a los hombres, y es a la vez el tiempo en que por este recuerdo se dirigen las mentes hacia la expectación de la segunda venida de Cristo al fin de los tiempos.Esta doble faceta la vemos perfectamente señalada en las lecturas de este Domingo 1º de Adviento.Vivir teniendo delante todo lo que Cristo ofrece ante el Padre en su memorial nos hace vivir llenos de gratitud y esperanza, inmersos en la experiencia de la Liturgia que nos pone en contacto permanente con el Misterio de Cristo y su eficacia en mi tiempo.
Antífona de entrada Sal 24, 1-3
A ti levanto mi alma, Dios mío, en ti confío; no quede yo defraudado, que no triunfen de mí mis enemigos, pues los que esperan en ti no quedan defraudados.
Después del saludo inicial puede hacerse la bendición de la corona de Adviento.
Bendición de la corona de Adviento
El sacerdote hace una breve monición con estas palabras u otras semejantes:
Hermanos:
Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte, porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado la verdadera vida.
El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad. Por eso hoy, primer domingo de Adviento, bendecimos esta corona y encendemos el primer cirio.
Luego el sacerdote, con las manos extendidas dice la oración de bendición:
Oremos.
La tierra, Señor, se alegra en estos días, y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijos, el Señor, que se avecina como luz esplendorosa, para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado.
Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramo del bosque y la ha adornado con luces.
Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que, mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona, con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo, iluminará todas las oscuridades. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Y se enciende el primer cirio.
Se omite el acto penitencial
Si no se hace la bendición de la corona de Adviento, después del saludo inicial el sacerdote o el diácono, y otro ministro idóneo, puede hacer una monición muy breve para introducir a los fieles en la misa del día.
Acto penitencial
Todo como en el Ordinario de la Misa. Para la tercera fórmula pueden usarse las invocaciones propia del tiempo de Adviento.
No se dice Gloria.
Oración colecta
Concede a tus fieles, Dios todopoderoso,
el deseo de salir acompañados de buenas obras
al encuentro de Cristo que viene,
para que, colocados a su derecha,
merezcan poseer el reino de los cielos.
Por nuestro Señor Jesucristo.
Antífona de entrada Sal 24, 1-3
A ti levanto mi alma, Dios mío, en ti confío; no quede yo defraudado, que no triunfen de mí mis enemigos, pues los que esperan en ti no quedan defraudados.
Después del saludo inicial puede hacerse la bendición de la corona de Adviento.
Bendición de la corona de Adviento
El sacerdote hace una breve monición con estas palabras u otras semejantes:
Hermanos:
Al comenzar el nuevo año litúrgico vamos a bendecir esta corona con que inauguramos también el tiempo de Adviento. Sus luces nos recuerdan que Jesucristo es la luz del mundo. Su color verde significa la vida y la esperanza. La corona de Adviento es, pues, un símbolo de que la luz y la vida triunfarán sobre las tinieblas y la muerte, porque el Hijo de Dios se ha hecho hombre y nos ha dado la verdadera vida.
El encender, semana tras semana, los cuatro cirios de la corona debe significar nuestra gradual preparación para recibir la luz de la Navidad. Por eso hoy, primer domingo de Adviento, bendecimos esta corona y encendemos el primer cirio.
Luego el sacerdote, con las manos extendidas dice la oración de bendición:
Oremos.
La tierra, Señor, se alegra en estos días, y tu Iglesia desborda de gozo ante tu Hijos, el Señor, que se avecina como luz esplendorosa, para iluminar a los que yacemos en las tinieblas de la ignorancia, del dolor y del pecado.
Lleno de esperanza en su venida, tu pueblo ha preparado esta corona con ramo del bosque y la ha adornado con luces.
Ahora, pues, que vamos a empezar el tiempo de preparación para la venida de tu Hijo, te pedimos, Señor, que, mientras se acrecienta cada día el esplendor de esta corona, con nuevas luces, a nosotros nos ilumines con el esplendor de aquel que, por ser la luz del mundo, iluminará todas las oscuridades. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
R. Amén.
Y se enciende el primer cirio.
Se omite el acto penitencial
Si no se hace la bendición de la corona de Adviento, después del saludo inicial el sacerdote o el diácono, y otro ministro idóneo, puede hacer una monición muy breve para introducir a los fieles en la misa del día.
Acto penitencial
Todo como en el Ordinario de la Misa. Para la tercera fórmula pueden usarse las invocaciones propia del tiempo de Adviento.
No se dice Gloria.
Oración colecta
Concede a tus fieles, Dios todopoderoso,
el deseo de salir acompañados de buenas obras
al encuentro de Cristo que viene,
para que, colocados a su derecha,
merezcan poseer el reino de los cielos.
Por nuestro Señor Jesucristo.
LITURGIA DE LA PALABRA
LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURAEl Señor congrega a todas las naciones en la paz eterna del Reino de Dios
Lectura del libro de Isaías 2, 1-5Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén.En los días futuros estará firme
el monte de la casa del Señor,
en la cumbre de las montañas,
más elevado que las colinas.Hacia él confluirán todas las naciones,
caminarán pueblos numerosos y dirán:
«Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob.Él nos instruirá en sus caminos
y marcharemos por sus sendas;
porque de Sion saldrá la ley,
la palabra del Señor de Jerusalén».Juzgará entre las naciones,
será árbitro de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán atados,
de las lanzas, podaderas.No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra.Casa de Jacob,
venid; caminemos a la luz del Señor.Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 121, 1bc-2. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: cf. 1bc)R. Vamos alegres a la casa del Señor.V. ¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.R. Vamos alegres a la casa del Señor.V. Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.R. Vamos alegres a la casa del Señor.V. Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios».R. Vamos alegres a la casa del Señor.V. Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor,
nuestro Dios, te deseo todo bien.R. Vamos alegres a la casa del Señor.
SEGUNDA LECTURALa salvación está más cerca de nosotrosLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 11-14aHERMANOS:Comportaos reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz.Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo.Palabra de Dios.
Aleluya Sal 84, 8R/. Aleluya, aleluya, aleluya.V/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. R/.
EVANGELIOEstad en vela para estar preparados✠Lectura del santo Evangelio según san Mateo 24, 37-44EN AQUEL TIEMPO, dijo Jesús a sus discípulos:«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».Palabra del Señor.
Audio y comentario del Evangelio de hoy (II)
Papa Benedicto XVIÁNGELUS. I domingo de Adviento, 2 de diciembre de 2007
Queridos hermanos y hermanas:
Con este primer domingo de Adviento comienza un nuevo año litúrgico: el
pueblo de Dios vuelve a ponerse en camino para vivir el misterio de Cristo en
la historia. Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hb 13, 8); en cambio,
la historia cambia y necesita ser evangelizada constantemente; necesita
renovarse desde dentro, y la única verdadera novedad es Cristo: él es su
realización plena, el futuro luminoso del hombre y del mundo. Jesús, resucitado
de entre los muertos, es el Señor al que Dios someterá todos sus enemigos,
incluida la misma muerte (cf. 1 Co 15, 25-28).
Por tanto, el Adviento es el tiempo propicio para reavivar en nuestro
corazón la espera de Aquel «que es, que era y que va a venir» (Ap 1, 8). El
Hijo de Dios ya vino en Belén hace veinte siglos, viene en cada momento al alma
y a la comunidad dispuestas a recibirlo, y de nuevo vendrá al final de los
tiempos para «juzgar a vivos y muertos». Por eso, el creyente está siempre
vigilante, animado por la íntima esperanza de encontrar al Señor, como dice el
Salmo: «Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al
Señor, más que el centinela a la aurora» (Sal 130, 5-6).
Por consiguiente, este domingo es un día muy adecuado para ofrecer a la
Iglesia entera y a todos los hombres de buena voluntad mi segunda encíclica,
que quise dedicar precisamente al tema de la esperanza cristiana. Se titula Spe
salvi, porque comienza con la expresión de san Pablo: «Spe salvi factum sumus»,
«en esperanza fuimos salvados» (Rm 8, 24). En este, como en otros pasajes del
Nuevo Testamento, la palabra «esperanza» está íntimamente relacionada con la
palabra «fe». Es un don que cambia la vida de quien lo recibe, como lo muestra
la experiencia de tantos santos y santas.
¿En qué consiste esta esperanza, tan grande y tan «fiable» que nos hace
decir que en ella encontramos la «salvación»? Esencialmente, consiste en el
conocimiento de Dios, en el descubrimiento de su corazón de Padre bueno y
misericordioso. Jesús, con su muerte en la cruz y su resurrección, nos reveló
su rostro, el rostro de un Dios con un amor tan grande que comunica una
esperanza inquebrantable, que ni siquiera la muerte puede destruir, porque la
vida de quien se pone en manos de este Padre se abre a la perspectiva de la
bienaventuranza eterna.
El desarrollo de la ciencia moderna ha marginado cada vez más la fe y la
esperanza en la esfera privada y personal, hasta el punto de que hoy se percibe
de modo evidente, y a veces dramático, que el hombre y el mundo necesitan a
Dios —¡al verdadero Dios!—; de lo contrario, no tienen esperanza.
No cabe duda de que la ciencia contribuye en gran medida al bien de la
humanidad, pero no es capaz de redimirla. El hombre es redimido por el amor,
que hace buena y hermosa la vida personal y social. Por eso la gran esperanza,
la esperanza plena y definitiva, es garantizada por Dios que es amor, por Dios
que en Jesús nos visitó y nos dio la vida, y en él volverá al final de los
tiempos.
En Cristo esperamos; es a él a quien aguardamos. Con María, su Madre, la
Iglesia va al encuentro del Esposo: lo hace con las obra de caridad, porque la
esperanza, como la fe, se manifiesta en el amor. ¡Buen Adviento a todos.
Se dice Credo.
Oración de los fieles
Oremos al Señor, nuestro Dios. Los que esperan en él no quedan defraudados.
- Por la Iglesia: para que, en medio de la injusticia de este mundo,
sepa anunciar a Jesucristo, que viene a traer la justicia de Dios. Roguemos al
Señor.
- Por los gobernantes, para que, procurando el bien común, defiendan
los derechos de todos y principalmente de los más débiles. Roguemos al Señor.
- Por los que están angustiados, en trance de desesperación, para que
encuentren junto a ellos una mano amiga que los levante y sientan cercana la
liberación. Roguemos al Señor.
- Por nosotros y todos los que comparten nuestra esperanza, para que,
amándonos unos a otros, procedamos siempre agradando a Dios y, cuando venga el
Señor Jesús, podamos presentarnos santos e irreprochables anta él. Roguemos al
Señor.
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación.
Por Jesucristo nuestro Señor.
PRIMERA LECTURAEl Señor congrega a todas las naciones en la paz eterna del Reino de Dios
Lectura del libro de Isaías 2, 1-5Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén.En los días futuros estará firme
el monte de la casa del Señor,
en la cumbre de las montañas,
más elevado que las colinas.Hacia él confluirán todas las naciones,
caminarán pueblos numerosos y dirán:
«Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob.Él nos instruirá en sus caminos
y marcharemos por sus sendas;
porque de Sion saldrá la ley,
la palabra del Señor de Jerusalén».Juzgará entre las naciones,
será árbitro de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán atados,
de las lanzas, podaderas.No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra.Casa de Jacob,
venid; caminemos a la luz del Señor.Palabra de Dios.
Salmo responsorial Sal 121, 1bc-2. 4-5. 6-7. 8-9 (R.: cf. 1bc)R. Vamos alegres a la casa del Señor.V. ¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.R. Vamos alegres a la casa del Señor.V. Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.R. Vamos alegres a la casa del Señor.V. Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios».R. Vamos alegres a la casa del Señor.V. Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor,
nuestro Dios, te deseo todo bien.R. Vamos alegres a la casa del Señor.
SEGUNDA LECTURALa salvación está más cerca de nosotrosLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 13, 11-14aHERMANOS:Comportaos reconociendo el momento en que vivís, pues ya es hora de despertaros del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y pongámonos las armas de la luz.Andemos como en pleno día, con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revestíos más bien del Señor Jesucristo.Palabra de Dios.
Aleluya Sal 84, 8R/. Aleluya, aleluya, aleluya.V/. Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación. R/.
EVANGELIOEstad en vela para estar preparados✠Lectura del santo Evangelio según san Mateo 24, 37-44EN AQUEL TIEMPO, dijo Jesús a sus discípulos:«Cuando venga el Hijo del hombre, pasará como en tiempo de Noé.En los días antes del diluvio, la gente comía y bebía, se casaban los hombres y las mujeres tomaban esposo, hasta el día en que Noé entró en el arca; y cuando menos lo esperaban llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán.Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor.Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón, estaría en vela y no dejaría que abrieran un boquete en su casa.Por eso, estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».Palabra del Señor.
Audio y comentario del Evangelio de hoy (II)
Lectura del libro de Isaías 2, 1-5
el monte de la casa del Señor,
en la cumbre de las montañas,
más elevado que las colinas.
caminarán pueblos numerosos y dirán:
«Venid, subamos al monte del Señor,
a la casa del Dios de Jacob.
y marcharemos por sus sendas;
porque de Sion saldrá la ley,
la palabra del Señor de Jerusalén».
será árbitro de pueblos numerosos.
De las espadas forjarán atados,
de las lanzas, podaderas.
no se adiestrarán para la guerra.
venid; caminemos a la luz del Señor.
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.
«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios».
voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor,
nuestro Dios, te deseo todo bien.
Con este primer domingo de Adviento comienza un nuevo año litúrgico: el pueblo de Dios vuelve a ponerse en camino para vivir el misterio de Cristo en la historia. Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre (cf. Hb 13, 8); en cambio, la historia cambia y necesita ser evangelizada constantemente; necesita renovarse desde dentro, y la única verdadera novedad es Cristo: él es su realización plena, el futuro luminoso del hombre y del mundo. Jesús, resucitado de entre los muertos, es el Señor al que Dios someterá todos sus enemigos, incluida la misma muerte (cf. 1 Co 15, 25-28).
Por tanto, el Adviento es el tiempo propicio para reavivar en nuestro corazón la espera de Aquel «que es, que era y que va a venir» (Ap 1, 8). El Hijo de Dios ya vino en Belén hace veinte siglos, viene en cada momento al alma y a la comunidad dispuestas a recibirlo, y de nuevo vendrá al final de los tiempos para «juzgar a vivos y muertos». Por eso, el creyente está siempre vigilante, animado por la íntima esperanza de encontrar al Señor, como dice el Salmo: «Mi alma espera en el Señor, espera en su palabra; mi alma aguarda al Señor, más que el centinela a la aurora» (Sal 130, 5-6).
Por consiguiente, este domingo es un día muy adecuado para ofrecer a la Iglesia entera y a todos los hombres de buena voluntad mi segunda encíclica, que quise dedicar precisamente al tema de la esperanza cristiana. Se titula Spe salvi, porque comienza con la expresión de san Pablo: «Spe salvi factum sumus», «en esperanza fuimos salvados» (Rm 8, 24). En este, como en otros pasajes del Nuevo Testamento, la palabra «esperanza» está íntimamente relacionada con la palabra «fe». Es un don que cambia la vida de quien lo recibe, como lo muestra la experiencia de tantos santos y santas.
¿En qué consiste esta esperanza, tan grande y tan «fiable» que nos hace decir que en ella encontramos la «salvación»? Esencialmente, consiste en el conocimiento de Dios, en el descubrimiento de su corazón de Padre bueno y misericordioso. Jesús, con su muerte en la cruz y su resurrección, nos reveló su rostro, el rostro de un Dios con un amor tan grande que comunica una esperanza inquebrantable, que ni siquiera la muerte puede destruir, porque la vida de quien se pone en manos de este Padre se abre a la perspectiva de la bienaventuranza eterna.
El desarrollo de la ciencia moderna ha marginado cada vez más la fe y la esperanza en la esfera privada y personal, hasta el punto de que hoy se percibe de modo evidente, y a veces dramático, que el hombre y el mundo necesitan a Dios —¡al verdadero Dios!—; de lo contrario, no tienen esperanza.
No cabe duda de que la ciencia contribuye en gran medida al bien de la humanidad, pero no es capaz de redimirla. El hombre es redimido por el amor, que hace buena y hermosa la vida personal y social. Por eso la gran esperanza, la esperanza plena y definitiva, es garantizada por Dios que es amor, por Dios que en Jesús nos visitó y nos dio la vida, y en él volverá al final de los tiempos.
En Cristo esperamos; es a él a quien aguardamos. Con María, su Madre, la Iglesia va al encuentro del Esposo: lo hace con las obra de caridad, porque la esperanza, como la fe, se manifiesta en el amor. ¡Buen Adviento a todos.
Se dice Credo.
Oración de los fieles
Oremos al Señor, nuestro Dios. Los que esperan en él no quedan defraudados.
- Por la Iglesia: para que, en medio de la injusticia de este mundo, sepa anunciar a Jesucristo, que viene a traer la justicia de Dios. Roguemos al Señor.
- Por los gobernantes, para que, procurando el bien común, defiendan los derechos de todos y principalmente de los más débiles. Roguemos al Señor.
- Por los que están angustiados, en trance de desesperación, para que encuentren junto a ellos una mano amiga que los levante y sientan cercana la liberación. Roguemos al Señor.
- Por nosotros y todos los que comparten nuestra esperanza, para que, amándonos unos a otros, procedamos siempre agradando a Dios y, cuando venga el Señor Jesús, podamos presentarnos santos e irreprochables anta él. Roguemos al Señor.
Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación.
Por Jesucristo nuestro Señor.
o bien,
Oremos, hermanos, al Señor y pidámosle confiadamente que despierte su poder y venga a salvarnos:
- Para que los fieles despierten del sueño de sus indolencias y reciban con alegría la salvación que se acerca, roguemos al Señor.
- Para que se afiance la paz en el mundo, y las riquezas de la creación se transformen en instrumento de progreso y bienestar para todos los hombres, roguemos al Señor.
- Para que el Señor, con su venida, alivie los dolores de los enfermos, dé paz y alegría a los que sufren en su espíritu y libre al mundo de sus males, roguemos al Señor.
- Para que nosotros mismos vivamos siempre alertas sin que las preocupaciones de la vida nos impidan mantenernos en pie cuando llegue el Hijo del hombre, roguemos al Señor.
Dios misericordioso,que enviaste a tu Hijo al mundopara que nos instruyera en tus caminos,anduviéramos por tus sendasy todas las naciones se reunieran en la montaña santa de tu reino,escucha nuestra oración y despierta en nosotrosun deseo tan vivo de tu venida,que, avanzando por la senda de tus mandatos,lleguemos a contemplar en su gloria al que ha de venir,Jesucristo nuestro Señor.Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.
LITURGIA EUCARÍSTICA
LITURGIA EUCARÍSTICA
Oración sobre las ofrendasACEPTA, Señor, los dones que te ofrecemos,
escogidos de los bienes que hemos recibido de ti,
y lo que nos concedes celebrar con devoción
durante nuestra vida mortal
sea para nosotros premio de tu redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio I de AdvientoLas dos venidas de Cristo33. Este prefacio se dice en las misas del tiempo, desde el primer domingo de Adviento hasta el 16 de diciembre, y en las restantes misas que se celebran durante este tiempo y que no tienen prefacio propio.
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.Quien al venir por vez primera
en la humildad de nuestra carne,
realizó el plan de redención trazado desde antiguo
y nos abrió el camino de la salvación;
para que cuando venga de nuevo
en la majestad de su gloria,
revelando así la plenitud de su obra,
podamos recibir los bienes prometidos
que ahora, en vigilante espera,
confiamos alcanzar.Por eso,
con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar
el himno de tu gloria:Santo, Santo, Santo…
Antífona de comunión Sal 84, 13El Señor nos dará la lluvia, y nuestra tierra dará su fruto.
Oración después de la comuniónFRUCTIFIQUE en nosotros, Señor, la celebración de estos sacramentos,con los que tú nos enseñas, ya en este mundo que pasa,a descubrir el valor de los bienes del cieloy a poner en ellos nuestro corazón.Por Jesucristo, nuestro Señor.
Se puede usar la fórmula de bendición solemne (n. 1).
escogidos de los bienes que hemos recibido de ti,
y lo que nos concedes celebrar con devoción
durante nuestra vida mortal
sea para nosotros premio de tu redención eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
en la humildad de nuestra carne,
realizó el plan de redención trazado desde antiguo
y nos abrió el camino de la salvación;
para que cuando venga de nuevo
en la majestad de su gloria,
revelando así la plenitud de su obra,
podamos recibir los bienes prometidos
que ahora, en vigilante espera,
confiamos alcanzar.
con los ángeles y arcángeles
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar
el himno de tu gloria:

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