22 de marzo - DOMINGO V DE CUARESMA (CICLO A)

 


  DOMINGO DE LA V SEMANA DE CUARESMA, feria
  Oficio del Domingo de la Semana I del Salterio
 (Liturgia de las Horas, Tomo IV: Oficio de Lecturas Laudes - Tercia - Sexta -  Nona Vísperas - Completas)




PROGRAMA PARROQUIAL:
DOMINGO, 22 DE MARZO

PARROQUIA DEL CARMEN:

- Eucaristía del Domingo de la V Semana de Cuaresma (a las 11.00 h.).

PARROQUIA DE LOS DOLORES:

- Eucaristía del Domingo de la V Semana de Cuaresma (a las 12.30 h.)

Para ver la transmisión en directo, pincha aquí

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DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

TIEMPO DE CUARESMA 

Introducción al tiempo de Cuaresma

Del Directorio sobre la Piedad popular y la Liturgia (nn. 124-125)

La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las «armas de la penitencia cristiana»: la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6,1-6.16-18). En el ámbito de la piedad popular no se percibe fácilmente el sentido mistérico de la Cuaresma y no se han asimilado algunos de los grandes valores y temas, como la relación entre el «sacramento de los cuarenta días» y los sacramentos de la iniciación cristiana, o el misterio del «éxodo», presente a lo largo de todo el itinerario cuaresmal. Según una constante de la piedad popular, que tiende a centrarse en los misterios de la humanidad de Cristo, en la Cuaresma los fieles concentran su atención en la pasión y muerte del Señor.

El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las cenizas, que distingue la liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.


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Laudes cantados
Domingo V Semana de Cuaresma,
22 de marzo de 2026



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ADORACIÓN PERPETUA

DEL STMO. SACRAMENTO EN VIVO

Parroquia Ntra. Sra. de la Merced
Instituto del Verbo Encarnado
Capilla "San Ignacio de Loyola"
(Manresa, España)



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"Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o tierras, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna"
(Mt 19,29)

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MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
PARA LA CUARESMA 2026

"Escuchar y ayunar”.
La Cuaresma como tiempo de conversión

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Escuchar

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.

Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia». [1]

Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos». [2] El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios». [3] En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana». [4]

Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz. 

Juntos

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.

Leo XIV

Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.
______________
[1] Exhort. ap. Dilexi te (4 octubre 2025), 9.
[2] S. Agustín, La utilidad del ayuno, 1, 1.
[3] Benedicto XVI, Catequesis (9 marzo 2011).
[4] S. Pablo VI, Catequesis (8 febrero 1978).
  
Copyright © Dicasterio para la Comunicación - Libreria Editrice Vaticana


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Ángelus del Papa León XIV

(22.03.2026)




Homilía Domingo
 IV Semana de Cuaresma
, por Mons.
 Munilla

(22.03.2026)


Homilía Domingo
 IV Semana de Cuaresma
,
del P. Santiago Martín

(22.03.2026)






Homilía Domingo V Semana de Cuaresma
,
(22.03.2026)



Homilía de las I Vísperas
del Domingo V Semana de Cuaresma
,
(21.03.2026)

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SANTORAL DE HOY

El santo del día en 1 minuto:


Elogio: Conmemoración de san Epafrodito, al que el apóstol san Pablo llama hermano, cooperador y compañero de los combates. († s. I).


   San Pablo de Narbona, obispo y mártir   

En Narbona, al sur de la Galia, en la vía Domitia, fuera de la ciudad, sepultura de san Pablo, obispo y mártir. († s. III)

   Santos Calínico y Basilisa, mártires   

En Galacia, santos Calínico y Basilisa, mártires. († s. inc.)

   San Basilio de Ancira, presbítero y mártir   

En Ancira, también en Galacia, san Basilio, presbítero y mártir, que durante todo el mandato del emperador Constancio se opuso enérgicamente a los arrianos, y después, bajo el emperador Juliano, por haber rogado públicamente a Dios que ningún cristiano se apartase de la fe, fue apresado y conducido ante el prefecto de la provincia y, tras numerosos tormentos, consumó su martirio. († 362)

   Santa Lea, viuda   

Conmemoración de santa Lea, viuda romana, cuyas virtudes y cuya muerte recibieron las alabanzas de san Jerónimo. († c. 383)

   San Bienvenido Scotivoli, religioso y obispo   

En Osimo, en el Piceno, san Bienvenido Scotivoli, obispo, que, elegido por el papa Urbano IV para esta sede, promovió la paz entre los ciudadanos y, según el espíritu de los Hermanos Menores, quiso morir sobre tierra desnuda. († 1282)

   San Nicolás Owen, religioso y mártir   

En Londres, en Inglaterra, san Nicolás Owen, religioso de la Compañía de Jesús y mártir, que durante muchos años creó refugios para acogida de sacerdotes, a causa de lo cual, bajo el reinado de Jacobo I, fue encarcelado y cruelmente torturado en el potro hasta exhalar el espíritu, confesando gloriosamente a Cristo Señor. († 1606)

   Beato Francisco Chartier, presbítero y mártir   

En Angers, en Francia, beato Francisco Chartier, presbítero y mártir, que durante la Revolución Francesa fue guillotinado por ser sacerdote. († 1794)

   San Agustín Zhao Rong, presbítero y mártir   

En la provincia china de Sichuan, conmemoración de san Agustín Zhao Rong, presbítero y mártir, que, al recrudecerse la persecución, fue encarcelado por el nombre de Cristo, y en un día desconocido de primavera afrontó la muerte. († 1815)

   Beatos Mariano Górecki y Bronislao Komorowski, presbíteros y mártires   

En el campo de concentración de Stutthof, cerca de Gdansk, en Polonia, beatos Mariano Górecki y Bronislao Komorowski, presbíteros y mártires, que fueron fusilados durante la ocupación militar de su patria por los seguidores de doctrinas hostiles a la religión. († 1940)

   Beato Clemente Augusto Graf von Galen, obispo 

En Münster, Alemania, beato Clemente Augusto Graf von Galen, obispo de Münster. († 1946)


LITURGIA DE HOY

Misa del Domingo (morado).

MISAL: ants. y oracs. props., sin Gl., Cr., Pf. prop. No se puede decir la PE IV.

LECC.: vol. I (A).

- Ez 37, 12-14. Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis.

- Sal 129. R. Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa.

- Rom 8, 8-11. El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros.

- Jn 11, 1-45. Yo soy la resurrección y la vida.

Jesús es la vida, y su vida comienza aquí cuando buscamos su gracia uniéndonos a él. Jesús le dice a Marta que su hermano resucitará, y ella le entiende dentro de su fe judía como que resucitará en el último día. Jesús, ahora, corrige esto también, y dice que él mismo es la resurrección y la vida, en el sentido de que quien cree en él ya ha resucitado, no morirá jamás. Jesús habla de que somos inmortales, de que la muerte podrá destruir nuestro cuerpo material, pero que creyendo en él, que es la resurrección y la vida, no moriremos para siempre. ¡Jesús resucitado es la manifestación de la gloria de Dios! Esta es la verdad de Dios que todos andamos buscando.

- Este domingo se celebra el tercer escrutinio preparatorio al bautismo para los catecúmenos que en la Vigilia pascual serán admitidos a los sacramentos de la Iniciación cristiana, con oraciones e intercesiones propias.

- La costumbre de cubrir las cruces y las imágenes de la iglesia desde este domingo puede conservarse. Las cruces permanecerán cubiertas hasta después de la celebración de la Pasión del Señor, el Viernes Santo, y las imágenes hasta el comienzo de la Vigilia pascual.

- Hoy puede celebrarse el día y colecta del Seminario (cf. 19 de marzo).

- Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.

Liturgia de las Horas: oficio dominical. No se dice Te Deum. Comp. Dom. II.

Martirologio: elogs. del 23 de marzo, pág. 219.

CALENDARIOS: Albacete: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Ciriaco Benavente Mateos, obispo, emérito (1992).


RITOS INICIALES  

Monición de entrada
Cercanos ya los días de la pasión del Señor, la oración colecta de este domingo nos recuerda que fue el amor el que movió al Hijo a entregarse a la muerte por la salvación del mundo. Pero vencerá a la muerte resucitando para que nosotros participemos en su resurrección: «Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis» (1 Lect). Se trata del mismo Espíritu Santo que resucitó a Jesús de entre los muertos y que, si habita en nosotros por la gracia, también vivificará nuestros cuerpos (2 Lect). En el Evangelio Cristo se nos revela como la resurrección y la vida: «el que cree en mí no morirá para siempre».

Antífona de entrada Cf. Sal 42, 1-2
Hazme justicia, oh Dios, defiende mi causa, contra gente sin piedad; sálvame del hombre traidor y malvado, porque tú eres mi Dios y mi fortaleza.
No se dice Gloria.

Oración colecta
TE pedimos, Señor Dios nuestro,
que, con tu ayuda, avancemos animosamente
hacia aquel mismo amor
que movió a tu Hijo a entregarse a la muerte
por la salvación del mundo.
Por nuestro Señor Jesucristo. 

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis

Lectura de la profecía de Ezequiel 37, 12-14

ESTO dice el Señor Dios:
«Yo mismo abriré vuestros sepulcros,
y os sacaré de ellos, pueblo mío,
y os llevaré a la tierra de Israel.
Y cuando abra vuestros sepulcros
y os saque de ellos, pueblo mío,
comprenderéis que soy el Señor.
Pondré mi espíritu en vosotros y viviréis;
os estableceré en vuestra tierra
y comprenderéis que yo, el Señor,
lo digo y lo hago —oráculo del Señor—».

Palabra de Dios.


Salmo responsorial Sal 129, 1b-2. 3-4. 5-7ab. 7cd-8 (R: 7cd)
R/. Del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa.
V/. Desde lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R/.
V/. Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes temor. R/.
V/. Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela la aurora.
Aguarde Israel al Señor,
como el centinela la aurora. R/.
V/. Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R/.

SEGUNDA LECTURA
El Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 8, 8-11
HERMANOS:
Los que están en la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis en la carne, sino en el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios habita en vosotros; en cambio, si alguien no posee el Espíritu de Cristo no es de Cristo.
Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo está muerto por el pecado, pero el espíritu vive por la justicia. Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros.
Palabra de Dios.

Versículo antes del Evangelio
V/. Yo soy la resurrección y la vida —dice el Señor—;
el que cree en mí no morirá para siempre.

(forma larga)
EVANGELIO
Yo soy la resurrección y la vida

Lectura del santo Evangelio según san Juan 11, 1-45

EN AQUEL TIEMPO, había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro.

Las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo:

«Señor, el que tú amas está enfermo».

Jesús, al oírlo, dijo:

«Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.

Solo entonces dijo a sus discípulos:

«Vamos otra vez a Judea».

Los discípulos le replicaron:

«Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver de nuevo allí?».

Jesús contestó:

«¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche tropieza, porque la luz no está en él».

Dicho esto, añadió:

«Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo».

Entonces le dijeron sus discípulos:

«Señor, si duerme, se salvará».

Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural.

Entonces Jesús les replicó claramente:

«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su encuentro».

Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:

«Vamos también nosotros y muramos con él».

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos quince estadios; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.

Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús:

«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

Jesús le dijo:

«Tu hermano resucitará».

Marta respondió:

«Sé que resucitará en la resurrección en el último día».

Jesús le dijo:

«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

Ella le contestó:

«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».

Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja:

«El Maestro está ahí y te llama».

Apenas lo oyó se levantó y salió adonde estaba él, porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:

«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano».

Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó:

«¿Dónde lo habéis enterrado?».

Le contestaron:

«Señor, ven a verlo».

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:

«¡Cómo lo quería!».

Pero algunos dijeron:

«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».

Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:

«Quitad la losa».

Marta, la hermana del muerto, le dijo:

«Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días».

Jesús le replicó:

«¿No te he dicho que si crees verás la gloría de Dios?».

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».

Y dicho esto, gritó con voz potente:

«Lázaro, sal afuera».

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:

«Desatadlo y dejadlo andar».

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra del Señor.


(forma breve)

EVANGELIO
Yo soy la resurrección y la vida

Lectura del santo Evangelio según san Juan 11, 3-7. 17. 20-27. 33-45

EN AQUEL TIEMPO, las hermanas de Lázaro le mandaron recado a Jesús diciendo:

«Señor, el que tú amas está enfermo».

Jesús, al oí­rlo, dijo:

«Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todaví­a dos dí­as donde estaba.

Sólo entonces dijo a sus discí­pulos:

«Vamos otra vez a Judea».

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro dí­as enterrado. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras Marí­a se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús:

«Señor, si hubieras estado aquí­ no habrí­a muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá».

Jesús le dijo:

«Tu hermano resucitará».

Marta respondió:

«Sé que resucitará en la resurrección en el último dí­a».

Jesús le dijo:

«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí­, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí­, no morirá para siempre. ¿Crees esto?».

Ella le contestó:

«Sí­, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tení­a que venir al mundo».

Jesús se conmovió en su espí­ritu, se estremeció y preguntó:

«¿Dónde lo habéis enterrado?».

Le contestaron:

«Señor, ven a verlo».

Jesús se echó a llorar. Los judí­os comentaban:

«¡Cómo lo querí­a!».

Pero algunos dijeron:

«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podí­a haber impedido que éste muriera?».

Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús:

«Quitad la losa».

Marta, la hermana del muerto, le dijo:

«Señor, ya huele mal porque lleva cuatro dí­as».

Jesús le replicó:

«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?».

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado».

Y dicho esto, gritó con voz potente:

«Lázaro, sal afuera».

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo:

«Desatadlo y dejadlo andar».

Y muchos judí­os que habí­an venido a casa de Marí­a, al ver lo que habí­a hecho Jesús, creyeron en él.

Palabra del Señor.


DOMINGO DE LA V SEMANA DE CUARESMA (CICLO A)

Aunque centraremos principalmente nuestra atención en el Evangelio -la resurrección de Lázaro-, veamos también la lección de la primera lectura: restauración del pueblo que vive en el exilio y en la segunda lectura: la promesa de la restauración de cada uno de nosotros: El que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales...

¡El poder de Cristo es capaz de renovar totalmente la creación entera y al hombre que fue rey de la creación y que es víctima del pecado y sus consecuencias, al pueblo de Israel desecho también por sus infidelidades a Dios!

Constatar las consecuencias de su infidelidad a Dios ha sido frecuentemente lo que ha llevado al pueblo de Dios a volver a Él y en su grado también en la historia de la Iglesia y de la humanidad.

Si buscamos las razones del porqué Dios deja para el fin de los tiempos la plena restauración del hombre en la resurrección de los cuerpos, una muy clara es la gran lección de la muerte en la que tan claramente se palpa que sólo Dios se es y que nosotros por nosotros mismos somos nada.

Veamos algunos pensamientos de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia (del libro Frutos de oración):

1.169. La muerte es la rendición del hombre ante Dios, que, con la destrucción de su ser, le dice: Tú sólo eres de por ti, y lo que no eres Tú, no es más que lo que Tú quieres que sea, en tiempo, realidad y ser. (8-5-1970)

1.170. Un hombre muerto está diciendo a Dios con su destrucción, en demostración de su total impotencia: Tú sólo eres. (8-5-1970)

1.171. La soberbia del hombre termina con y en su destrucción el día de la muerte, sometiéndose al que Es, en manifestación de su nada ante el Todo, que para serlo todo, se es en sí, por sí y para sí mismo. (8-5-1970).

1.172. Gracias, Señor, por el descanso que me das, al saber que un día, con mi muerte, yo seré una demostración visible de que Tú sólo eres, y de que yo no soy. (8-5-1970).

1.173. El día que el hombre dijo a Dios que «no», murió; y con su muerte, en rendición total, clamó escalofriantemente: Tú sólo eres, y todo lo que no eres Tú, a ti te está sometido. Yo hoy lo demuestro con mi destrucción y fracaso total, pues, si Tú no me resucitas, ya nada soy capaz de ser ni hacer. (8-5-1970).

1.175. La muerte es la consecuencia del «NO TE SERVIRE», y la rendición del hombre, diciendo con su destrucción: «Tú sólo eres de por ti, y yo dependo total y exclusivamente de tu voluntad; lo reconozco, en ti espero». (8-5-1970).

¡Bonita lección que brota de la promesa de restauración de la sociedad en general y de nuestra restauración!

Pero metámonos en el Evangelio: resurrección de Lázaro. Sigamos un poco el diálogo: le comunican a Jesús la enfermedad sin duda muy grave de Lázaro y Jesús se quedó todavía dos días donde estaba. Por lo que aparece después estaba sin duda lejos: en Galilea o en la Decápolis donde se había refugiado ante las hostilidades de los judíos.

La aparente indiferencia de Jesús tiene su explicación. Él sabe que ha muerto y quiere que pasen más de tres días para que la resurrección sea más asimilable, tratándose de un cadáver en descomposición, como subraya también Marta: Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.

Jesús ha querido probar la fe de Marta y María y ha querido también dar una muestra clara de su divinidad: Padre te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que Tú me has enviado. Antes había dicho: esta enfermedad no acabará con la muerte, sino para la gloria de Dios...; las lágrimas de Jesús: sollozó y, muy conmovido, preguntó. Más adelante: Jesús, sollozando de nuevo y un poco antes: Jesús se echó a llorar.

Este llorar de Jesús, señalado por tres veces, dice sin duda mucho en torno a su sensibilidad humana y viendo más allá de la escena presente la capacidad de Jesús de llorar ante las consecuencias tremendas y el sufrimiento que lleva consigo el pecado para toda la humanidad.

Qué bien vienen aquí las frases de la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia: (Opúsculo nº 2 del libro Luz en la noche. El misterio de la fe dado en sabiduría amorosa):

Pero a Dios, al mirar al hombre en la situación en que se encuentra después de haberse rebelado contra su Creador en el Paraíso terrenal, por instigación del diablo, se le mueven las honduras de sus entrañas en compasión, se le remueve la médula de su ser infinito, se siente estremecer en el amor del Espíritu Santo. Las tres divinas Personas, mirándose entre sí, hubieran roto a llorar –si en Dios cupiera el llanto, que no cabe–, ante la catástrofe espeluznante en que el hombre está envuelto: ¡aquella criatura que con ternura infinita fue creada por su mano omnipotente; aquella que, llena de los dones del Espíritu Santo, era capaz de ser, por participación, lo que Él mismo era; la criatura en la que Él había ido poniendo los reflejos de su serse sabiduría, de su serse Padre, de su serse amor candente en las llamas del Espíritu Santo...!

Y fue ¡tanto, tanto, tanto! el destrozo del hombre ante Dios que no puede llorar, que, para poder llorar, Dios se hace Hombre. ¡Porque había que llorar, como fuera, ante aquella respuesta de la criatura a su Creador!

Y Dios, a pesar de no poder realizar en sí, por la plenitud de su ser y la grandeza de su subsistencia, la necesidad de padecer y llorar por la situación escalofriante en que el hombre se encontraba, inventó, de una manera portentosa y maravillosa, el modo de poder realizar aquello que el «no» de la criatura clamaba ante la rotura de los planes eternos.

«Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado»17.

«Lloró Jesús, y los judíos decían: ¡Cómo le amaba!»18.

Y «al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró por ella diciendo: ¡Si al menos en este día conocieras también tú lo que te traigo para la paz...! Pero no: está escondido a tus ojos»19.

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17 Heb 5, 7. 18 Jn 11, 35-36. 19 Lc 19, 41-42.


LITURGIA EUCARÍSTICA

Oración sobre las ofrendas
ESCÚCHANOS, Dios todopoderoso,
y, por la acción de este sacrificio,
purifica a tus siervos,
a quienes has iluminado con las enseñanzas de la fe cristiana.
Por Jesucristo, nuestro Señor. 
Prefacio I de cuaresma
Significación espiritual de la cuaresma
En verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias
siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno
por Cristo, Señor nuestro.
Por él concedes a tus hijos
anhelar, años tras año,
con el gozo de habernos purificado,
la solemnidad de la Pascua,
para que, dedicados con mayor entrega
a la alabanza divina y al amor fraterno,
por la celebración de los misterios que nos dieron nuestra vida,
lleguemos a ser con plenitud hijos de Dios.
Por eso,
con los ángeles y arcángeles
y con todos los coro celestiales,
cantamos sin cesar
el himno de tu gloria:
Santo, Santo, Santo...

Antífona de comunión
Cuando se lee el Evangelio de la resurrección de Lázaro: Cf. Jn 11, 26
El que está vivo y cree en mí no morirá para siempre, dice el Señor.
Cuando se lee el Evangelio de la mujer adúltera: Jn 8, 10-11
Mujer, ¿ninguno te ha condenado? Ninguno, Señor. Tampoco yo te condeno. En adelante no peques más.
Cuando se lee otro Evangelio: Jn 12, 24-25
En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.

Oración después de la comunión
TE pedimos, Dios todopoderoso,
que nos cuentes siempre
entre los miembros de Cristo,
cuyo Cuerpo y Sangre hemos recibido.
Él, que vive y reina por los siglos de los siglos.

Oración sobre el pueblo
SEÑOR, bendice a tu pueblo
que espera siempre el don de tu misericordia,
y concédele, inspirado por ti,
recibir lo que desea de tu generosidad.
Por Jesucristo, nuestro Señor.