08 de marzo - DOMINGO DE LA III SEMANA DE CUARESMA (CICLO A)




  DOMINGO III DE CUARESMA (CICLO A)
  Oficio del Domingo de la Semana III del Salterio
 (Liturgia de las Horas, Tomo IV: Oficio de Lecturas Laudes - Tercia - Sexta Nona Vísperas - Completas)




PROGRAMA PARROQUIAL:
DOMINGO, 08 DE MARZO

PARROQUIA DEL CARMEN:

- Eucaristía del Domingo de la III Semana de Cuaresma (a las 11.00 h.).

PARROQUIA DE LOS DOLORES:

- Eucaristía del Domingo de la III Semana de Cuaresma (a las 12.30 h.)

Para ver la transmisión en directo, pincha aquí

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DIRECTORIO SOBRE LA PIEDAD POPULAR Y LA LITURGIA

TIEMPO DE CUARESMA 

Introducción al tiempo de Cuaresma

Del Directorio sobre la Piedad popular y la Liturgia (nn. 124-125)

La Cuaresma es el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las «armas de la penitencia cristiana»: la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6,1-6.16-18). En el ámbito de la piedad popular no se percibe fácilmente el sentido mistérico de la Cuaresma y no se han asimilado algunos de los grandes valores y temas, como la relación entre el «sacramento de los cuarenta días» y los sacramentos de la iniciación cristiana, o el misterio del «éxodo», presente a lo largo de todo el itinerario cuaresmal. Según una constante de la piedad popular, que tiende a centrarse en los misterios de la humanidad de Cristo, en la Cuaresma los fieles concentran su atención en la pasión y muerte del Señor.

El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las cenizas, que distingue la liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual.


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Laudes Cantados
Domingo, 08 de marzo de 2026



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ADORACIÓN PERPETUA

DEL STMO. SACRAMENTO EN VIVO

Parroquia Ntra. Sra. de la Merced
Instituto del Verbo Encarnado
Capilla "San Ignacio de Loyola"
(Manresa, España)



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(Mt 19,29)

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MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
PARA LA CUARESMA 2026

"Escuchar y ayunar”.
La Cuaresma como tiempo de conversión

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Escuchar

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.

Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia». [1]

Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos». [2] El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios». [3] En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana». [4]

Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz. 

Juntos

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.

Leo XIV

Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.
______________
[1] Exhort. ap. Dilexi te (4 octubre 2025), 9.
[2] S. Agustín, La utilidad del ayuno, 1, 1.
[3] Benedicto XVI, Catequesis (9 marzo 2011).
[4] S. Pablo VI, Catequesis (8 febrero 1978).
  
Copyright © Dicasterio para la Comunicación - Libreria Editrice Vaticana


* * * * *

Carta del Obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra,
con motivo del comienzo de la Cuaresma de este año 2026


El versículo 14 del Salmo 50, que da título a este escrito, es un buen resumen de lo que puede ser el tiempo de la Cuaresma, que desemboca irremediablemente en la Pascua. Es también el corolario de lo que es el camino de conversión que nos propone la Iglesia en este tiempo santo, en que preparamos la Pascua de Resurrección. Domingo a domingo la liturgia cuaresmal nos irá llevando de la mano, para que vayamos creciendo en la conversión, en la vuelta al Señor. En el primer domingo resonará en nuestros oídos el Evangelio de las tentaciones, en el segundo la transfiguración, en el tercero el encuentro del Señor con la Samaritana, en el cuarto el milagro del ciego de nacimiento, y en el quinto, la resurrección de Lázaro.

Es un camino que vamos a recorrer con la Palabra de Dios, alimento para el peregrino, pues no sólo de pan vive el hombre. Es toda una invitación a abrir el oído. Como nos recuerda el Libro de Job: «Dios habla de un modo u otro, aunque no nos demos cuenta: en sueños o visiones nocturnas, cuando cae el sopor sobre el hombre, cuando está dormitando en su cama. Abre entonces el oído del hombre e inculca en él sus advertencias» (Job 33, 14-16). Abramos, pues el oído, para que la Palabra llegue a nuestros corazones.

La piedad popular que nuestras hermandades y cofradías promueven son el legado de siglos sobre cuestiones profundas de nuestra fe católica. Los misterios de nuestra Redención contemplados a través de las imágenes sagradas, son como una concreción de lo que la Palabra de Dios quiere sembrar en nuestros corazones. Como decía Benedicto XVI: «La Palabra aquí no se expresa principalmente mediante un discurso, con conceptos o normas. Aquí nos encontramos ante la persona misma de Jesús. Su historia única y singular es la palabra definitiva que Dios dice a la humanidad. Así se entiende por qué « no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva » (Verbum Domini, 11).

Ese encuentro personal con Cristo Jesús es la razón de la existencia de la Iglesia, y por lo tanto, también el de las hermandades y cofradías que son asociaciones públicas de fieles de la misma. Así, toda la vida de una hermandad ha de girar en torno al encuentro con Jesucristo. En la Cuaresma, todo, la oración, el sacrificio, la limosna, las manifestaciones de la piedad popular (cultos penitenciales, Vía Crucis, estaciones penitenciales, besamanos, etc..) han de tener como último objetivo nuestro encuentro con Jesús. De ahí la insistencia de este tiempo santo en los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, en los cuales se produce un encuentro privilegiado con el Señor: amoroso, reconciliador, misericordioso, fortalecedor, impulsor de las buenas obras.

En ese encuentro con el Señor se produce la devolución de la alegría de la salvación. La alegría es sinónimo de la Pascua, y nos preparamos a ella purificando nuestro corazón, una purificación que realiza Cristo, con el que nos encontramos personalmente en su Palabra y en los santos sacramentos.

✠ Santiago Gómez Sierra
Obispo de Huelva



Homilía Domingo II Semana de Cuaresma
, por Mons.
 Munilla

(08.03.2026)


Homilía Domingo II Semana de Cuaresma,

del P. Santiago Martín

(08.03.2026)





Homilía Domingo II Semana de Cuaresma,
(08.03.2026)



Homilía de las I Vísperas
del Domingo II Semana de Cuaresma
,
(07.03.2026)

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SANTORAL DE HOY

El santo del día en 1 minuto:

Elogio: San Juan de Dios, religioso, nacido en Portugal, que, después de una vida llena de peligros en la milicia humana, prestó ayuda con constante caridad a los necesitados y enfermos en un hospital fundado por él, y se asoció a compañeros con los que constituyó después la Orden Hospitalaria San Juan de Dios. En este día, en la ciudad de Granada, en España, pasó al eterno descanso.

Patronazgos: patrono de Granada, de los hospitales, las enfermeras, fabricantes de papel, imprentas y libreros; protector de los enfermos, alcohólicos y desvalidos.

Refieren a este santo: San Juan Grande.

Oración

¡Glorioso San Juan de Dios, caritativo protector de los enfermos y desvalidos! Mientras viviste en la tierra no hubo quien se apartase de ti desconsolado: el pobre halló amparo y refugio; los afligidos consuelo y alegría; confianza los desesperados y alivio en sus penas y dolores todos los enfermos. Si tan copiosos fueron los frutos de tu caridad estando aún en el mundo, ¿qué no podremos esperar de ti ahora que vives íntimamente unido a Dios en el cielo? Animado con este pensamiento, espero me alcances del Señor la gracia de ... si es para mayor gloria de Dios y bien de mi alma. Amén.

Señor, tú que infundiste en san Juan de Dios espíritu de misericordia, haz que nosotros, practicando las obras de caridad, merezcamos encontrarnos un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén (oración litúrgica).


   San Poncio, diácono   

Conmemoración en Cartago de san Poncio, diácono de san Cipriano, al que acompañó en el destierro hasta la muerte, dejando un admirable relato de su vida y de su pasión. († s. III)

   Santos Apolonio y Filemón, mártires   

En Antínoe, de Egipto, santos Apolonio y Filemón, mártires. († 287)

   San Provino de Como, obispo   

En Como, en la Liguria, san Provino, obispo, fiel discípulo de san Ambrosio, que preservó de la herejía arriana a la Iglesia que se le había encomendado. († c. 420)

   San Senano, abad   

En la isla de Cathaig, en Hibernia, san Senano, abad. († s. VI)

   San Félix de Dunwich, obispo   

En Domnoc (hoy Dunwich), en Inglaterra, san Félix, obispo, que, oriundo de Burgundia, evangelizó a los anglos orientales en tiempo del rey Sigeberto. († c. 646)

   San Teofilacto de Nicomedia, obispo y confesor   

En Nicomedia, de Bitinia, san Teofilacto, obispo, que, desterrado por defender el culto de las sagradas imágenes, falleció en Estróbilo de Caria. († c. 840)

   San Humfrido de Thérouanne, obispo   

En el territorio de Thérouanne, en Francia, san Humfrido, obispo, el cual, tras ser destruida la ciudad por los normandos, procuró infatigablemente congregar y confortar a su grey. († 871)

   San Litifredo de Pavia, obispo   

En Pavía, en Lombardía, san Litifredo, obispo. († 874)

   San Dutaco de Ross, obispo   

En el lugar de Tayne, en Escocia, sepultura de san Dutaco, obispo de Ross. († c. 1065)

   San Veremundo, abad   

En la población de Estella, en Navarra, san Veremundo, abad de Irache, el cual, habiendo abrazado desde joven la vida monástica, estimuló a sus monjes a buscar la perfección con su ejemplo y con ayunos y vigilias. († c. 1095)

   San Esteban de Obazina, abad   

En Obazine, cerca de Limoges, en Aquitania, san Esteban, primer abad de este monasterio, que en la búsqueda de Dios unió a la Orden Cisterciense los tres monasterios que había fundado. († 1159)

   Beato Vicente Kadlubek, monje y obispo   

En el monasterio de Jedrzejow, en Polonia, tránsito del beato Vicente Kadlubek, obispo de Cracovia, el cual, tras renunciar a su cargo, profesó allí la vida monástica. († 1223)

   Beato Joaquín Kuroemon, catequista mártir   

En Hiroshima, beato Joaquín Kuroemon, catequista encargado de las obras de misericordia y de la animación de la comunidad, condenado a morir en cruz, que marchó con alegría al lugar del martirio, orando y exhortando a aceptar la fe cristiana. († 1624)

   San Faustino Míguez González, presbítero y fundador   

En la ciudad de Getafe, cerca de Madrid, en España, san Faustino Míguez González (Faustino de la Encarnación), religioso de la Orden de Clérigos Regulares de la Madre de Dios de las Escuelas Pías, que, ordenado sacerdote, se entregó por entero a la tarea docente y consiguió gran prestigio como maestro y perito en ciencias naturales. Fue diligente en su actividad pastoral y fundó el Instituto Calasancio de Hijas de la Divina Pastora, para la educación integral de la mujer. († 1925)


LITURGIA DE HOY

Misa del Domingo (morado).
MISAL: ants. y oracs. props., sin Gl., Cr., Pf. prop. No se puede decir la PE IV.
LECC.: vol. I (A).
- Ex 17, 3-7. Danos agua que beber (Ex 17, 2).
- Sal 94. R. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: «No endurezcáis vuestro corazón».
- Rom 5, 1-2. 5-8. El amor ha sido derramado en nosotros por el Espíritu que se nos ha dado.
- Jn 4, 5-42. Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.
La samaritana es una mujer marginada, con una baja apreciación de sí misma, y que habla con Jesús de un modo superficial, tratando de eludir su situación personal y desviando la conversación hacia la religión. Y Jesús le va a hablar con una gran ternura, haciéndole ver a
la mujer que quien realmente tiene sed no es él, un caminante judío cansado del camino, sino ella, una mujer que todavía no ha conocido el don de Dios para su vida. Y de esta manera, la samaritana, en el pozo, reconociendo la verdad de su pequeñez y de su sed, va a ser ella misma desde la misericordia de Dios, y no lo que las circunstancias de marginación le empujan a ser. - Este domingo se celebra el primer escrutinio preparatorio al bautismo de los catecúmenos que en la Vigilia pascual serán admitidos a los sacramentos de la Iniciación cristiana, con oraciones e intercesiones propias.
- Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.
Liturgia de las Horas: oficio dominical. No se dice Te Deum. Comp. Dom. II.
Martirologio: elogs. del 9 de marzo, pág. 198.
CALENDARIOS: Orihuela-Alicante: Aniversario de la muerte de Mons. Rafael Palmero Ramos, obispo, emérito (2021).



RITOS INICIALES  

Monición de entrada
En la primera lectura, el pueblo de Israel en el desierto pide agua para beber y Moisés la hace brotar de una roca. Se anuncia así el agua que brotará del costado de Cristo abierto por la lanza del soldado: quien la beba, por la fe en Cristo y por el bautismo «se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Ev). Esa agua significa el amor de Dios derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado; amor que llevó a Cristo a morir por nosotros, pecadores (2 Lect).
- Este domingo se celebra el primer escrutinio preparatorio al bautismo de los catecúmenos que en la Vigilia pascual serán admitidos a los sacramentos de la Iniciación cristiana, con oraciones e intercesiones propias.
- Hoy no se permiten otras celebraciones, tampoco la misa exequial.
Liturgia de las Horas: oficio dominical. No se dice Te Deum. Comp. Dom. II.
Martirologio: elogs. del 13 de marzo, pág. 205.
CALENDARIOS: Vitoria: Aniversario de la ordenación episcopal de Mons. Juan Carlos Elizalde Espinal, obispo (2016).
Guadix: Aniversario de la muerte de Mons. Juan García-Santacruz y Ortiz, obispo, emérito (2011).

Señor Jesucristo.

RITOS INICIALES  

Antífona de entrada Cfr. 8a124, 15-16
Mis ojos están siempre fijos en el Señor, pues él libra mis pies de toda trampa. Mírame, Señor, y ten piedad de mí, que estoy solo y afligido.
O bien: Cfr. Ez 36, 23-26
Cuando manifieste en medio de ustedes mi santidad, los reuniré de todos los países; derramaré sobre ustedes agua pura y quedarán purificados de todos sus pecados, y les infundiré un espíritu nuevo, dice el Señor.

No se dice Gloria.

Oración colecta
SEÑOR Dios, fuente de misericordia y de toda bondad,
que enseñaste que el remedio contra el pecado
está en el ayuno, la oración y la limosna,
mira con agrado nuestra humilde confesión,
para que a quienes agobia la propia conciencia
nos reconforte siempre tu misericordia.
Por nuestro Señor Jesucristo.

LITURGIA DE LA PALABRA

PRIMERA LECTURA
Danos agua que beber
Lectura del libro del Éxodo 17, 3-7
EN AQUELLOS DÍAS, el pueblo, sediento, murmuró contra Moisés, diciendo:
«¿Por qué nos has sacado de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?».
Clamó Moisés al Señor y dijo:
«¿Qué puedo hacer con este pueblo? Por poco me apedrean».
Respondió el Señor a Moisés:
«Pasa al frente del pueblo y toma contigo algunos de los ancianos de Israel; empuña el bastón con el que golpeaste el Nilo y marcha. Yo estaré allí ante ti, junto a la roca de Horeb. Golpea la roca, y saldrá agua para que beba el pueblo».
Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y llamó a aquel lugar Masá y Meribá, a causa de la querella de los hijos de Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo:
«¿Está el Señor entre nosotros o no?».
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo responsorial Sal 94, 1-2. 6-7c. 7d-9 (R: cf. 7d-8a)
R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón».
V/. Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.
V/. Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.
V/. Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras». R/.

SEGUNDA LECTURA
El amor ha sido derramado en nosotros por el Espíritu que se nos ha dado
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 5, 1-2. 5-8
HERMANOS:
Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.
En efecto, cuando nosotros estábamos aún sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; ciertamente, apenas habrá quien muera por un justo; por una persona buena tal vez se atrevería alguien a morir; pues bien: Dios nos demostró su amor en que, siendo nosotros todavía pecadores, Cristo murió por nosotros.
Palabra de Dios.

Versículo antes del Evangelio Cf. Jn 4, 42. 15
V/. Señor, tú eres de verdad el Salvador del mundo;
dame agua viva, así no tendré más sed.

EVANGELIO
Un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna
Lectura del santo Evangelio según san Juan 4, 5-42
EN AQUEL TIEMPO, llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo.
Era hacia la hora sexta.
Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice:
«Dame de beber».
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos).
Jesús le contestó:
«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva».
La mujer le dice:
«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?».
Jesús le contestó:
«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna».
La mujer le dice:
«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla».
Él le dice:
«Anda, llama a tu marido y vuelve».
La mujer le contesta:
«No tengo marido».
Jesús le dice:
«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad».
La mujer le dice:
«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén».
Jesús le dice:
«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad».
La mujer le dice:
«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo».
Jesús le dice:
«Soy yo, el que habla contigo».
En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?»
La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?».
Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.
Mientras tanto sus discípulos le insistían:
«Maestro, come».
Él les dijo:
«Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis».
Los discípulos comentaban entre ellos:
«¿Le habrá traído alguien de comer?».
Jesús les dice:
«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.
¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador.
Con todo, tiene razón el proverbio: uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho».
Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».
Palabra  del Señor.



DOMINGO DE LA III SEMANA DE CUARESMA (CICLO A)
 
La Cuaresma tendremos que verla, como nos dice la Iglesia, tiempo de gracia y salvación. Veamos algunos aspectos en las lecturas de hoy: a pesar de las quejas del pueblo el Señor les atiende y hace brotar para ellos agua abundante (primera lectura); en el salmo: ¡ojalá escuchéis hoy la voz del Señor, no endurezcáis vuestro corazón!
 
San Pablo (segunda lectura) razona con esta visión profundamente confiada: la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.
 
Con una frase feliz, la Madre Trinidad de la Santa Madre Iglesia nos invita a aprovechar el paso del Señor: el Señor pasa, se posa y te quiere poseer.
 
A la luz de todas estas afirmaciones admiramos la postura sencilla y paciente de Jesús con la samaritana, símbolo de la paciencia de Dios en espera de nuestra conversión.
 
Aspectos hermosos que nos revelan la humanidad de Jesús: cansado del camino y sediento dame de beber.
 
Detalles de cercanía y comprensión hacia esa mujer de Samaria; primero en un diálogo intrascendente y después elevando el tono y contenido: si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y Él te daría agua viva.
 
Su afirmación de mesiánica: soy yo, el que habla contigo.
 
El desconcierto de los apóstoles; el revuelo entre los samaritanos del pueblo de Sicar al oír a la mujer y después al oírle directamente a Él.
 
Creo que ante un texto tan rico en detalles lo más provechoso es releerlo y, si cabe, remarcar alguno de los detalles que nos revelan aspectos humanos y divinos de Jesús en relación con sus interlocutores; y siempre animándonos a la revisión de nuestras vidas en orden a una profunda conversión.

LITURGIA EUCARÍSTICA

Oración sobre las ofrendas
POR estas ofrendas, Señor,
concédenos benigno el perdón de nuestras ofensas,
y ayúdanos a perdonar a nuestros hermanos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
 
Cuando no se lee el evangelio de la samaritana, se dice el prefacio I o II de Cuaresma. En cambio, cuando se lee el evangelio de la samaritana, se dice el siguiente:
 
PREFACIO
La samaritana
 
℣. El Señor esté con vosotros.
℟ .Y con tu espíritu.
℣. Levantemos el corazón.
℟. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
℣. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
℟. Es justo y necesario.
 
EN verdad es justo y necesario,
es nuestro deber y salvación
darte gracias siempre y en todo lugar,
Señor, Padre santo,
Dios todopoderoso y eterno,
por Cristo, Señor nuestro.
Porque él mismo,
cuando pidió de beber a la samaritana,
ya había infundido en ella el don de la fe,
y si quiso estar sediento de la fe de aquella mujer,
fue para encender en ella el fuego del amor divino.
Por eso, Señor, te damos gracias
y proclamamos tu grandeza,
cantando con los ángeles:
Santo, Santo, Santo...

Antífona de la comunión Jn 4,13-14

El que beba del agua que yo le daré, dice el Señor, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna.


Oración después de la comunión

ALIMENTADOS en la tierra con el pan del cielo,
prenda de eterna salvación,
te suplicamos, Señor, que lleves a su plenitud en nuestra vida
la gracia recibida en este sacramento.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


Oración sobre el pueblo

DIRIGE, Señor, los corazones de tus fieles
y da en tu bondad a tus siervos una gracia tan grande
que, cumpliendo en plenitud tus mandamientos,
nos haga permanecer en tu amor y en el de nuestro prójimo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.


Pensamientos para el Evangelio de hoy

«Hay un motivo en el cansancio de Jesús. La fuerza de Cristo te ha creado, la debilidad de Cristo te ha regenerado. Con la fuerza nos ha creado, con su debilidad vino a buscarnos» (San Agustín).
 
«En el encuentro con la Samaritana, en el pozo, sale el tema de la “sed” de Cristo, que culmina en el grito en la cruz: ‘Tengo sed’ (Jn 19,28). Ciertamente esta sed, como el cansancio, tiene una base física. Pero Jesús tenía sed de la fe de todos nosotros» (Benedicto XVI).
 
«‘Si conocieras el don de Dios’ (Jn 4,10). La maravilla de la oración se revela precisamente allí, junto al pozo donde vamos a buscar nuestra agua: allí Cristo va al encuentro de todo ser humano, es el primero en buscarnos y el que nos pide de beber. Jesús tiene sed, su petición llega desde las profundidades de Dios que nos desea. La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.560).